sábado, 30 de abril de 2011

Hacer tiempo

Me estoy haciendo un as en este noble arte.

Lo malo es que pierdo el tiempo que hago, cosa que no me hace tanta gracia...

¡Hornazo!

Allá donde fueras, celebra sus tradiciones.

viernes, 29 de abril de 2011

Planificación de actividades

Tarde de compras para acabar no comprando nada, como si lo viera.
Colocación de chismes variados.
Atención telefónica remota.
Escritura variada.
Calentador de comida. Espero que no realizador de la misma, aunque no me importaría, la verdad.
Recogedor de pasteles.
Comprador de fruta.
Cuidador hipercualificado.
Hacerme el interesante.
Tomarme unas cervezas.
Cultivador de paciencia.
Redactor de ejercicios de Análisis.

Si me acuerdo de más ya lo pongo luego.

PS: Leer un libro en inglés.
Tocar la guitarra.

Viernes highway

Me despierto a las 7 y cuarto, como un viernes normal. Pero hoy no es un viernes normal. Aplazo el sueño hasta que fielmente mi despertador empieza a sonar y entonces empiezo a ignorarlo algo más que otros días. Me levanto, desayuno y me meto en mi coche. Me toca viajar con lluvia, una lluvia que cae ahora con más fuerza que en invierno.

Me acordé de la primera lluvia de invierno, de la poca gracia que me hizo enfrentarme a ella por primera vez. Y me invadió cierta rabia por tener que viajar bajo la lluvia. Algo que me hizo comenzar a dudar de si el planteamiento elegido era el más correcto.

Una pesadilla me asaltó esta noche. Tampoco era para tanto, pero el entusiasmo de ayer es el cuidado de hoy y será el excepticismo de mañana y el desánimo de pasado.

Pasan los kilómetros y caen las gotas con cada vez más fuerza. Mi cabeza sigue dando vueltas hasta que se para. Mis neumáticos ya no son lo que eran y decido disminuir la velocidad. Sigue la lluvia, sigue la carretera.

Sigue la vida.

jueves, 28 de abril de 2011

La decisión final

está cerca

Tatitotitotitotitoti tacatacapum.

Reconocimientos

La utilidad del ordenador cuando el público es reducido.

Vísperas

Alergia o sueño. Posiblemente ambas cosas.

miércoles, 27 de abril de 2011

Hipótesis

A los hinchas de los equipos que ganan partidos trascendentes les tienen que regalar vales de gasolina, porque si no, no se entiende...

PS: Inconvenientes de cenar pronto: me sobra noche.
PSII: Te metía la vuvuzela por do la espalda pierde su casto nombre.
PSIII: Y a los hinchas de los equipos que pierden partidos trascendentes les tienen que obligar a hablar en voz alta, porque si no, tampoco se entiende...

Primavera III

Mañanas de sol, tardes de nubes. Cansancio a media tarde. Sueño interrumpido por señor del círculo, que me ofrece un compás que no quiero pero que, siguiendo las sabias directrices familiares, digo que tengo. Se ha ido convencido. Hasta yo me creo mis mentirijillas.

Me asomo a la ventana. Pasa la vida, pero no le hago mi caso. Debería tocar la guitarra, pero no me apetece. Tengo un libro que leer, pero como es por obligación objeto. El largo fin de semana me ayudará.

Tengo que decidirme. Casi que lanzaría un órdago, pero no se jugar al mus. No hay que ser valiente en la vida. O al menos eso creo. Por lo menos ya sé lo que quiero y lo que no quiero.

La primavera está ahí fuera. Que espere.

Doctor en Alaska

Las palabras son como piedras. Son una losa en nosotros.

Si los pájaros hablaran, no podrían volar.

Esas pequeñas enemigas de la vida cotidiana, pero imprescindibles en nuestras relaciones. Las palabras pesan como una losa, son una carga, especialmente cuando existe compromiso. Aunque hay veces que las palabras se las lleva el viento. Nunca sabemos dónde está el punto medio.

Y vamos arrastrando una bola negra, encadenada a nuestro pie. Cada vez más grande, más pesada y más negra. Junto con nuestro uniforme a rayas. Vagando por la cárcel de las palabras sabiendo que nunca saldremos de ella.

Desquiciados

Observo desde mi privilegiada tribuna, la altura de estar de pie, una colección finita de individuos de dos tipos. Hablan, gritan, se lamentan de su suerte, se ríen de su desgracia.

Y yo los miro recordando que las cosas tienen que ser así. Pero que a veces hay que tomárselas con un sorbito de té. O saber dónde están los límites y renunciar.

martes, 26 de abril de 2011

El silencio de las palabras

Las palabras designan de verdad cuando se vive con ellas a solas.

Silencio. Tanto hablar, tanto inventar, tanta gramática y, al final, la mejor forma de comunicarse es el silencio. Un gesto, una mirada. Yo estoy convencido que a este mensaje que emito al mundo está asociado un estado de ánimo que, si se mira bien, se puede buscar entre estas torpes palabras.

Intento que haya algo más sin decirlo, porque decir que estoy cansado, que quiero irme a dormir, pero algo me retiene a este teclado. También diría que en algo he metido la pata contigo. Me gustaría disculparme, pero tu opacidad no me deja. Diría también que lo siento. Que lo he pensado miles y miles de veces, pero que lo siento. No tienes la culpa ni la tengo yo tampoco. Quisiera decir que yo siempre he sido así, y que mis circunstancias actuales no me han hecho distinto o más interesante, porque no he cambiado. Porque lo llevo en mis genes. Me gustaría decirte que no hagas el tonto más. Me gustaría que alguien me iluminara sobre ciertos temas. Me gustaría saber qué he hecho mal y por qué hemos llegado a esta situación.

Me gustaría decir tantas cosas, pero las palabras no me dejan, porque no significan lo que quiero.

Parte de blanco

Parte superior pintada. Jolgorio generalizado. Alegría incontenida. Lágrimas, abrazos. Emoción a flor de piel.

¡Y ni una gota de pintura en el suelo!

Ajetreo

Mañana de tranquilidad, tarde de competencias. Reuniones sobre tablas. Millones de vueltas para decir lo mismo.

Visita a un piso, donde todo estaba proporcionado al tamaño del mismo. Charla inagotable, infinita. Mañana más, esta vez en soledad. A ver si no me engañan...

Buenos resultados en los exámenes, salvo el escrito. La imaginación está reñida con la calificación, sobre todo si no se usa el vocabulario, las estructuras gramaticales... Bueno, de todas formas, aprobado. Me siento especialmente orgulloso de la prueba oral. Me puedo ir a Londres y que me se entienda. Aunque creo que eso ya lo sabía.

Noche. Cansancio. Miles de cosas hechas. Realmente creo que no soy consciente de todo lo que hago al día.

Gritos en la calle. Sueño en mis ojos. Y dicen que pena en mi corazón...

Me alegro...

...de ciertas cosas.

El caso es que me hacen sentir algo triste, egoístamente hablando, pero evidentemente me alegro mucho por ti.

Mañana de martes

Me ha gustado el despertar de hoy. Soleado. Aunque ahora con dolor de cabeza.

Exámenes publicitados. La suerte no la necesitan algunos, solamente...

Prisa. Y trabajo doble.

Diremos que sí. Y que salga el sol por AnTICquera.

Ironías

Los nombres de ciertos programas.

La utilidad de la informática.

PD: A ciertos programadores, ¿no les han enseñado que en los nombres de los archivos NO SE PONEN CARACTERES ESPECIALES? ¿Y que los nombres no deben tener más de 8 caracteres?

lunes, 25 de abril de 2011

RIP

Creo que se ha muerto un disco duro.

domingo, 24 de abril de 2011

Flores marchitas

¿De qué te ha servido el cariño? El tiempo te ha envilecido y ha hecho que te marchites, en vez de hacerte surgir de la tierra con más fuerza. Te has emponzoñado con tu propio odio, el que ha hecho que te mantengas fulgurante por fuera pero te ha podrido por dentro.

Ya no recuerdas todo aquello que te dí. Ése ha sido mi problema. Te he dado todo, lo que te mereces y lo que no, bajo la máxima de buscar todo lo bueno, bajo la pretensión de que algún día me lo agradecerías.

Ah, que inocente fui, tan inocente que hoy apenas me quedan fuerzas para llorar todo aquello que me has hecho. Pero en el fondo me has vacunado, porque nunca jamás volveré a tratar a alguien como tú de la misma manera. A partir de ahora, elegiré muy bien, tan bien que quizá no vuelva a elegir, no por miedo a equivocarme sino porque quizá vuelvas conquistando otro cuerpo distinto al que desde este mismo momento odio.

Quizá pasado algo de tiempo y analizando mis sentimientos me sorprenda al ver que no me sorprendo. Que quizá lo esperaba y me engañaba, porque era más feliz así. Iluso... todavía no he aprendido que yo no puedo ser feliz, que yo debo sufrir, porque mi vida es así, porque es lo que está escrito...

Quise ser como tú, y aprovechaste mi cercanía para apuñalarme. Pero en eso te has equivocado, mi corazón es más fuerte que el tuyo. Antes que tu, mucho antes que tu, infeliz criatura del averno, ya me habían herido de forma más brutal. Tan fuerte es la herida que aún no se ha cerrado. Equivocaste tu cálculo. Y es ahora cuando yo me río.

Habrá un día, quizá en un futuro no muy lejano, en el que pensando en el pasado un insignificante fantasma aparezca en tu mente. Y entonces tu corazón de odio y tu mente vil intentarán acordarse de aquel infeliz que te tanto te quiso sin tu merecerlo. Pero no recordarás nada. Y sentirás que algo falta en tu interior. Y te darás cuenta de que ya no eres más que un conjunto de órganos que se mantienen unidos por una extraña razón, pero no el ser humano que un día creíste ser.

Pensarás en mi. Y tu boca no dirá mi nombre. Porque habrá estallado en mil pedazos...

Recta final

Tan solo pido normalidad. Sentido común. Y tranquilidad.

Ahora que lo pienso, creo que es pedir mucho. Quizá me consuele simplemente con que las palabras representen fielmente lo que quieren decir. Que surja un escudo que las proteja de las segundas interpretaciones. Que se tornen cristalinas, que dejen pasar la luz. Que sean roca firme, no arena que se rompe en tus manos. Que se libren de las capciosas interpretaciones humanas. Que, por una vez, sirvan para lo que fueron creadas.

Si pierdo mi fe en el lenguaje, en que cada palabra tiene un significado tan limpio como el primer rayo de sol en una mañana de verano, o como la luna llena en las noches de primavera, entonces moriré. No sabré seguir, huiré de todo y me refugiaré en ese sitio que es la razón de mi fuerza, para no salir nunca más. Me quedaré ahí, pensando en que alguna vez significante y significado se fundirán en un abrazo para nunca separarse. Y yo pensaré sobre lo infeliz que me ha hecho la dictadura de un lenguaje que siempre me ha ganado y que, en el fondo, nunca he comprendido.

Preguntas a la lluvia

¿Por qué mis cocheras son tan estrechas?

-o-o-o-o-

¿Por qué hago las cosas, a sabiendas de la seguridad que me da el saber que más tarde me voy a arrepentir?

La Guerra de Papá - Antonio Mercero

- A saber qué tendrá la mano de una madre.
- Sí. Lo malo es luego, el día que falte mamá. O descubran que mamá siente los temores que sienten ellos. Pero eso ya no tiene remedio.

sábado, 23 de abril de 2011

Recopilando que es gerundio

No me gusta, pero por una vez...

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Mucho me temo que, de momento, no hay final.

Coches de metal, cintas de cromo

Ya he casi acabado mi titánica tarea del día. Me faltan un par de detalles, pero he acabado. He reducido mis casetes a una bolsa italiana, que he cargado demasiado y que casi rompo. Menos mal que he estado hábil. Miro lo que tengo grabado. Música clásica, Dire Straits, Pink Floyd... Hay alguno original. La Danza de la Ciudad, de Cónmplices. Tiene una canción preciosa, Es Por Ti. Quién iba a pensar que existirían algún día los mp3. Recuerdo dos tipos de cintas, las básicas y las de cromo. Me gustaba que fueran TDK. Y, aún hoy, sigo comprando cosas de esa marca. Las famosas CDing. Eran más caras, pero al comprarlas experimentaba una cierta sensación de felicidad. De poder. Me sentía importante. Y, por supuesto, las compraba para grabar cds. Los que me dejaban o los que sacaba de la biblioteca. Siempre tenía. Por si acaso. Nunca sabías cuando iba a caer en tus manos un buen disco. También llegué a usar unas súper-pijoteras de Sony, las ux-s. La caña en rama...

Y, por último, mi orgullo. Mis pequeños cochecillos, los portadores de mis sueños de niño. Tengo una colección inmensa, no por nada sino porque los daban con las galletas Siro. Venían en una cajita alargada. Un coche y un trozo de carretera. Se suponía que eran tramos y que había que juntarlos. Eran 8. Eran los 80, algo tardíos.

Llegué a juntar tantos que más de una vez los regalaba. Por supuesto, los repetidos. Alguna vez me compraban otro, porque siempre me tocaban los mismos. Recuerdo uno que me compró mi tía: un Renault 11 de color verde amarillento, quizá amarillo lima. En una trapisonda de estas se perdió. Nunca supe nada más de él. También recuerdo un Ford Sierra de un imposible naranja purpurina. Me salió con las galletas. Y me parecía símplemente alucinante. Era el primero que me tocaba. Luego vino otro en blanco. Con 14 o 15 años me compré el último, un BMW rojo.

Recuerdo que solamente se abrían las puertas delanteras.

Recuerdo jugar con ellos. Pero no con los de la estantería. Tenía otros, que guardaba en una bolsa, que eran los que captaban mi atención. Ahora no sé a ciencia cierta dónde están. Pero sí recuerdo las tardes de verano, en las que tirado en el suelo y con palillos de helado en el suelo, marcaba las carreteras que recorrían. Siempre saliendo de la alfombra. Aquella cochambrosa alfombra, en la que tantas cosas importantes pasaron después.

Y después de todo esto me pregunto, ¿dónde queda aquél niño que jugaba con sus coches? ¿dónde está aquel chaval que leía aquellos libros de "El Barco de Vapor"? ¿Qué fue de aquél chaval que grababa compulsivamente discos y canciones de la radio? ¿Alguien se acuerda de aquél universitario que no veía el final de su carrera? ¿Me acuerdo de aquél opositor que acompañaba con música su larga espera?

Quizá deberíamos pintar más a menudo.

Ahora que lo pienso

Para que no te pase esto

vendo cargadores de Nokia. De bujero chiquitico, por supuesto.

Por tan solo 10 leros.

Interesados, dejen un comentario.

PS: Creo que hoy era el cumpleaños de un gato que tuvimos y que luego, en una pelea, se quedó ciego.

Cachivaches.

Sigo reordenando. En un reconquistado altillo, junto a los miles de cargadores anteriormente mencionados, aparecen mis tres primeros amigos. Mis tres peluches. Supongo que sus nombres ya delatan cierta ironía, la ironía con la que me he ido criando, mi verdadero caparazón. Están un tanto apiñados. Deberían lavarlos. Quizá cuando esta pesadilla acabe. Cerca de ellos, en un rollo rojo, está mi título de licenciado. Y, en algún lugar cercano, debe estar la orla. Siempre olvido llevarla a las casas rurales. Para prenderle fuego, mayormente, por si no hay pastillas para encender la chimenea.

Es en este momento cuando miro y remiro los miles de cachivaches que me rodean. Creo que en esta parte de mis paredes gratuitas estoy a salvo de más bolígrafos, estilográficas o demás gilipolleces fruto de la ignorancia de lo feliz que me hacen las recargas de mi móvil. Un flexo halógeno. Una bombilla. Seis posavasos. Una libreta a medio empezar con problemas de números complejos a medio acabar. Un estuche de Epi y Blas que, según mis cálculos, le choriceé a mi hermana. Parece que tiene algo. Lo abro y me encuentro con dos trompos, con sus respectivas cuerdas. Me habría asaltado mi infancia de nuevo, pero es que nunca lo supe bailar bien. Es lo que tiene haber sido un niño intelectual, que te daban de lado en el recreo.

Cremas caducadas. Cajas de relojes vacías. Cajas de relojes con relojes sin pila. Mini-radios. Va tomando forma en mi cabeza la idea de un mercadillo electrónico.

Habrá que seguir. Me quedan más cosas por quitar. Tengo que seguir buceando en mi propia historia. Y pensar dónde meto los mamotretos de las oposiciones.

Cajas de madera

Sigo rebuscando en mi armario. Aparece una caja. Mi caja de madera. Mi fiel confidente. La caja que contiene los tesoros de mi niñez y de mi adolescencia. Si esa caja hablara, o simplemente se abriese... Creo que en el taller de mis tíos hay otra gemela, pero está sin cerrar. Algún día quizá la rescate y me la traiga a casa.

Más cajas. Aparecen las cartas de mi niñez. De cuando esto llamado Internet era algo de los bancos, que no te dejaban hacer nada "porque esta mañana no tenemos línea, y no sabemos cuando vendrá" Las cartas de aquella compañera de la academia de Inglés, con la que me carteaba cuando estábamos a tiro de autobús. Las cartas de los amigos del colegio, para no perder el contacto en verano. Tantas y tantas cartas. El esperar el correo cada día, como el instante mágico en el que tus sueños se cumplen. Recibir la carta, abrirla, leerla apoyado en la puerta, con esa sonrisa de ilusión que te da el saber que alguien ha dedicado algo de su tiempo a tí. Y pensar en qué vas a responder, cómo y cuándo. Comprar un sello, un sobre. Llevarla al buzón y mandarla con la correspondiente despedida de la buena suerte. A un email no le puedes desear buena suerte. Sabes que llegará. Los unos y los ceros son tan previsibles.

Aparece una papeleta con tu letra. De aquella tarde que viniste a mi casa, cuando sabía que te ibas a ir y no podría hacer ya nada para evitarlo. Ni tampoco podía siquiera seguirte. Nunca olvidaré esa sensación. La sensación de no poder hacer nada. Sé que la tarea está a medio hacer. Sé donde está la última nota. Sé que la voy a encontrar. Pero no la voy a leer, porque sé perfectamente lo que pone. Símplemente, le daré la vuelta al cd donde está y lo guardaré con los demás, en el riguroso orden aleatorio que le asigne mi estado de ánimo en ese momento.

Te sigo echando de menos, aunque lo niegue.

Pintores

Sábado por la mañana. Ante mí la difícil tarea de quitar cosas de enmedio y allanar el camino a los señores de blanco. De camino decido hacer algo de limpieza.

Abro una caja. Un cargador de móvil y el juego completo de manuales de instrucciones y demás. Abro otra caja. Lo mismo. Decido unirlas y tirar una caja. Debería poner un mercadillo de cargadores nokia, en un rato me junto con cuatro, sus respectivos manos libres y manuales de instrucciones.

Bueno, le toca el turno a la estantería. Libros. Cajas vacías. La añorada caja de mi querido MiniDisc. Dios mío, qué coñazo dí para tener un mini disc. Qué calidad de sonido. Qué recuerdos. La caja del cd del coche, que leía mp3. Qué recuerdos. Qué viajes a Huelva, cruzando mi querida A92 y mi soleada A49 (es increíble cómo se puede hacer una carretera en la que siempre te da el Sol de frente, aunque sean las doce de la noche) Las reubico como puedo. Quizá cuando este macroproceso finalice, la sucesión de acontecimientos que mejorará definitivamente nuestra calidad de vida, decida juntarlas y tirar más papeles de enmedio. Porque caber, lo que se dice caber... bueno, yo creo que nunca cupe en mis paredes gratuitas. Además, cuando me fui me hicieron hueco. ¿Ironía o imposibilidad?, he ahí la cuestión.

En uno de los libros debe haber una foto de mi tío. Algún día la enmarcaré y la pondré en mi casa, cuando la tenga. Y siempre que esté preparado, cosa que dudo. Al menos a día de hoy. No aparece. Ya la buscaré.

Reviso un armario. Aparecen millones de bolígrafos, regalos de cuando no se sabe qué regalar. Con una recarga de 5 euros yo soy feliz, pero se empeñan en regalarme bolígrafos. Debería poner un mercadillo, junto con los cargadores Nokia. Fijo que me forro.

Un bolígrafo de plata. ¿Para qué puñetas quiero yo un bolígrafo de plata? ¿Para firmar las guardias?

Traslados

Lo que el cofrade no ve...


...aunque lo intuye

Metaoptimización

Existe un momento óptimo en la optimización, a partir del cual ya no se puede optimizar más.

viernes, 22 de abril de 2011

jueves, 21 de abril de 2011

La noche del Jueves Santo

Noche especial. Noche de espera. Cenar, hacer algo de tiempo y vestirse. Me esperan.

A las doce de la noche la campana de San Pedro sonará tres veces. Si te fijas bien, una linterna se verá, traviesa, por las ventanas de la torre. Y se apagará la luz. Y se hará el silencio.

Se abrirá la puerta de la iglesia, que estará a oscuras, y un lúgubre cortejo saldrá tras la única frase que oiréis de sus labios: "Cristo de la Misericordia, Granada te espera".

Primero la cruz de guía, acompañada por un tambor de inconfundible sonido. Un sonido que solamente se oye esa noche y que retumba por la Carrera del Darro, iluminada por una Alhambra que parece llorarte y por la luna llena de la Semana de Pasión, que quisiera calmar Tu dolor en la cruz. Tu imagen muerta.

Cuando pasa el tambor, empieza a oírse de nuevo el río, el Darro, con los deshielos de la Sierra de Granada. Sigue el cortejo. Siguen los penitentes llevando las velas amarillas, formando una hilera perfecta, iluminando el camino por el que tendrás que pasar. Se acercan más penitentes, con su cruz a cuestas. Arrastran cadenas en sus pies.

En la puerta de la iglesia se ve reflejada Tu sombra. La cruz sale doblada, pues es mucha Tu altura y poca la de la puerta. Una luz nos muestra como la cruz se eleva. Y la sombra se proyecta sobre la fachada de la iglesia, y luego sobre la pared del Convento de Zafra.

Cuatro ciriales. Cuatro ciriales que abren paso a Tu trono, que salió de esas manos que tanto quise y que me hacían bajar cada año a Verte. Desde entonces, no tengo fuerzas para enfrentarme a ese paso. Te detienes cerca. Miro Tu cara, llena de dolor y próxima a la muerte, a esa muerte que Tu mismo vencerás en tres días. El Calvario está formado por claveles rojos. Y a Tus pies, un centro de flores de color violeta. Miro Tu imagen y querría que nunca se acabara ese momento. Es imposible retenerla en mi memoria, pero soy feliz, en ese momento en el que tengo la suerte de Tenerte tan cerca.

El sonido del llamaor me devuelve a la cruda realidad. Retumba por todo el valle, dando un aldabonazo en mi dulce sueño. Levantas el paso y los costaleros Te siguen llevando, camino de Plaza Nueva.

Y entonces vuelvo a mi casa, feliz por Haberte visto un año más.



PS: La foto es del sábado por la mañana.

Momentos musicales

Aquí.

Jueves Santo Remix

Me doy cuenta de que las vacaciones se han ido prácticamente de las manos. Apenas me quedan 4 días.

-o-o-o-o-

Me pongo a hacer apuntes. Sensaciones encontradas. No sé por qué los hago, supongo que será porque no me gusta dejar las cosas a medias.

-o-o-o-o-

Me alegra haber caído en desgracia. En parte por el público, en parte por los objetos, en parte por la pérdida de responsabilidad. Quizá me difumine y nadie se acuerde de mí. Es lo mejor. Y lo más cómodo.

-o-o-o-o-

Ante la negociación para el aplazamiento de una tarea nunca gano. De todas formas, salvo un pequeño accidente, he tenido la suerte de salirme con la mía, no siendo este plan tampoco una cosa hiperapetecible.

-o-o-o-o-

Pastel algo seco pero sabroso. Leche frita. Tengo que ganar peso.

-o-o-o-o-

Nadie me dijo que hacer lo correcto fuera a veces tan desagradable. Pero, una vez que lo asumes, sabes que lo correcto a la larga no tiene precio. Y no siempre tiene que ser valorado.

-o-o-o-o-

Justo cuando mis decisiones estaban tomadas me arrepiento. Claro que "La vida es como montar en bicicleta. Si quieres mantener el equilibrio no puedes parar"

Horror. Vienen los pintores.

Ya he sido avisado. Me piden encarecidamente que mis posesiones desaparezcan de mis humildes cuatro paredes, las gratuitas, porque vienen los señores de blanco.

El lunes es la fecha de su llegada. Aterrizarán primero por fuera y luego por dentro. Mi objetivo es reducir la librería al armario. Y los casetes y mis cochecillos. ¿Dónde los meteré? Habrá que buscar una caja al efecto. Dedicaremos el fin de semana a ello, ya que ahora tengo otros menesteres más propios de mi edad. De la que aparece en el DNI, claro.

Lo bueno es que me van a pillar de perfil. Y a 170 km de distancia.

El noveno arte

El don de la oportunidad.

En ocasiones te encuentras tranquilamente haciendo cualquier cosa, o tienes planeado hacer algo, y se presenta alguien y te corta el rollo. Hay que hacer algo eminentemente urgente, con prioridad absoluta, con lo que no tienes más remedio que dejarlo.

O bien estás tranquilamente en casa, desarrollando cualquier tipo de actividad, y siempre viene alguien a ver qué haces o con cualquier urgencia, o te llaman de la telefónica para que te cambies o cualquier cosa de esas.

Y yo me pregunto, ¿no estoy yo tranquilamente aquí, sin molestar a nadie? ¿No tengo ya mi día planificado sin daños colaterales? Si te he dicho que te ayudaré mañana y a tí te da igual y no puedes hacerlo todo hoy y no puedes solo. Estate quieto, leches...

El octavo arte

Estorbar.

Hay gente que se pone en un sitio y estorba. Al cabo del rato se da cuenta y se quita, pidiendo amablemente perdón.

Hay otros que se ponen a estorbar y no se quitan. Es mas, yo creo que saben que estorban y, a sabiendas, no se quitan. Resisten numantinamente ante aquello que es motivo de su estorbe y, en la medida de lo posible, contribuyen a estorbar algo más, siempre de forma disimulada. Si, en un arranque de mala leche o súplica a corazón abierto les pedimos que nos dejen algo de sitio para nuestro quehacer objeto del estorbe, dirán un falsamente "Uh" de arrepentimiento y dejarán de estorbar durante un rato, más que nada por hacer el papel. Pero, sin duda, volverán a las andadas.

El estorbador profesional siempre está en el sitio que más estorba. Lo tengo absolutamente comprobado. Supongo que debe haber una facultad que habilite un título de "Licenciado en Estorbar" o "Grado en Estorbar", ahora que está el plan Bolonia.

Aunque, curiosamente, los mejores estorbadores son los gatos. Por lo menos los míos. Siempre están donde más estorban.

miércoles, 20 de abril de 2011

Maravillas

Acabo de hacer mi primera webquest.

La emoción me embarga.

Conversaciones de sobremesa

- ¿No ibas a hacer las galletitas fritas esas?
- Sí, habría que hacerlas.
- Ese "Habría que hacerlas", ¿qué tiempo verbal es?
- Condicional.
- ¿Seguro? Es un condicional muy condicional, ¿no?

A mi, la verdad, es que la explicación filológica no me convence. Yo creo que es futuro de ironía.

Noticia de última hora

Hoy, en las noticias de no se qué canal, han dicho que esta noche juegan un partido de no se qué competición un par de equipos de fútbol, pero lo han dicho tan de pasada que ni me he dado cuenta. Creo que se juega en Palencia, pero, como ya les digo, no me he enterado bien puesto que apenas le han dedicado tiempo.

Que si me entero de algo más concreto ya lo pongo por aquí, no se preocupen.

Barberías

Desde hace casi 11 años voy a pelarme al mismo sitio. Está en una zona completamente castiza de la beato-capital, cerca del mercado y de la Catedral. Antes estaba un muchacho con el dueño, pero ahora está su hijo, que es quien me pela, aunque a veces lo ha hecho su padre.

Si hay algo que llama la atención de las peluquerías de hombre, mejor dicho, barberías, son las conversaciones que mantienen los clientes con el dueño. Las mías apenas van más allá de las vacaciones, el tiempo o las particularidades propias de mi profesión. Pero las hay que van mucho más allá.

Pudiera decirse que por un módico precio no solamente obtienes un servicio de mejora de estética, sino de asesoramiento sobre cualquier otro tipo de tema imaginable o, simplemente, psicólogo gratuito.

Quizá debería pelarme más a menudo. Más que nada, por los servicios complementarios.

martes, 19 de abril de 2011

Vía Crucis



Un puñal en tu pecho apenas duele. Un puñal en el pecho no hace que broten esas lágrimas, esa pena tan grande que llevas en Tu corazón. Las candelas difuminan la imagen que Te provoca esas lágrimas de sangre que caen por Tus blancas mejillas. Apenas recuerdas ya cuando dijiste sí, el inmenso gozo que sentiste en Tu corazón. Apenas recuerdas los años pasados. Tan solo hay sufrimiento por ver al Hijo de tus entrañas sufrir de esa manera por salvar a una Humanidad que posiblemente no lo merezca.



Cargado con Su Cruz, va subiendo por el Calvario. Cada paso es una tortura, un sufrimiento, una penitencia por los pecados que Él no ha cometido. Cada paso nos acerca más al Padre, que ofreció a su Hijo por nosotros. Con el rostro cansado, portando una corona de espinas, sigue caminando. Caminando por nuestra salvación.

Semanasanteces

Estoy rodeado. No puedo salir. Me acosan miles y miles de penitentes...

Cosas de la primavera

Aquí

Martes Santo II

Cuando vuelvo de mis gestiones, me encuentro con un amigo. Lleva prisa, pero me decido a acompañarle en su camino. Le planteo una duda que tengo y responde justamente lo que yo pensaba. Resentimiento. Lo sabía.

No tiene sentido que preguntes algo sabiendo que no te lo voy a dar. Así que lo que hay es herida. Me planteo las razones de mi no y descubro que soy bueno y tonto, aparte de estar como un queso, pues he bajado de los 70 kp. Le planteo a mi acompañante dejar de serlo, pero no me lo permite. "El mundo necesita gente buena" me dice.

Nos despedimos, pero nos queda pendiente una borrachera.

Y me sumerjo en mi camino a casa.

Pancartas un tanto equívocas

E.G: "150 años educando junto al río"

A lo mejor soy yo...

Martes Santo

Paseo por mi ciudad, que cada día lo es un poco menos. Gente que turistea, como rebaños, como ovejitas, son descargados en puntos estratégicos. Gente encorbatada con carpetas en la mano que habla con otra gente encorbatada con otra carpeta en su mano. Se dan importancia al hablar y lo hacen en tono alto, para que lo sepamos.

Camino por calles casi olvidadas y descubro nuevos detalles, que posiblemente ya estaban en mi mente, pero que la falta de ejercicio han hecho salir disimuladamente para ser ocupados por cosas más de mi entorno adoptivo.

Llego a mi destino. Saco número y compruebo que me tocará esperar. Me enfundo mis gafas de sol y paseo de nuevo. Descubro a una mimo vestida de plata, que está sentada y que saluda con extremada educación ante unos indiferentes viandantes. Niños que se comen el cristal de una tienda de animales. Un río con poca agua y se pone a llover la típica lluvia de abril. En circunstancias normales me preocuparía, ya que no llevo paraguas, pero no lo hago. Definitivamente estoy empezando a dejar de ser yo.

Una segunda vuelta y por fin entrego mis papeles. Toda la mañana por 34 euros. Ante tal cantidad económica, dejaré de trabajar y me dedicaré al dolce far niente...

lunes, 18 de abril de 2011

Maratón fotográfico IV

Maratón fotográfico III

Maratón fotográfico II

Maratón fotográfico I

La palabra del día

Desopilante.

Inicio

Viaje. Llegada. Me han cambiado la puerta, no se han conformado con solo la cerradura.

Visita a mi asesora bancaria. Cada día está más guapa. Con esa cara de ángel cualquiera no se hipoteca.

(De donde, todo está listo. Sólo hace falta que me decida. Le daremos otra vuelta. Pareciera que ya están tomadas todas las decisiones.)

Endemientras, llamada de teléfono. Cada día los quiero más. La distancia acentúa los amores.

Cambio la tarifa a una tarjeta que no uso. Lo que puede el aburrimiento.

domingo, 17 de abril de 2011

Palabras

Preguntas sin interrogación. Confidencias. Preguntas sorprendentes. Razonamientos.

Quieres aprender de mi. Te digo lo que busco.

Me pregunto su alguna vez lo tendré. Si realmente me interesa tenerlo. Y si, cuando lo tenga delante, no lo dejaré pasar.

Desconcierto # 4

¿Por que me pides algo que crees que no te voy a dar?

¿Por qué me pides algo que sabes que no te voy a dar?

Se me ocurren otras preguntas, pero no sé cómo formularlas...

Desconcierto # 3

Que te miren mientras hacen sus necesidades.

Desconcierto # 2

Ahí están. De pie. Mirándome. Con esa mirada que solo ellas saben poner. No te juzgan, pero lo hacen. Si te acercas, huyen. Pero se paran a una cierta distancia. Te miran, te remiran, te siguen mirando. Se extrañan de verte erguido sobre dos patas. Mueven sus orejas. Acaban de masticar la hierba que les quede entre sus dientes. No dejan de observarte. Huirán si te acercas, pero se pararán.

Ellas son así.

Las miradas de las ovejas

Desconcierto # 1

Mi ubicación espacio-temporal.

jueves, 14 de abril de 2011

Tarde de nevera

Las cosas de ser amo de casa. Un día estás tan tranquilo, decides tomarte un algo y cuando abres la nevera te sale un señor con esquíes. Entre la emoción y el susto del atropello, recapacitas y te das cuenta de que la nevera tiene "un poquito" de hielo en el congelador. Conclusión, hay que descongelar.

Aprovechando el fin del trimestre, que para mi son como una especie de periodo entre glaciaciones, decido descongelarla. Llego a casa, preparo la neverilla auxiliar para las cosas que me quedan y desconecto el aparato, dejando la puerta abierta.

Con ilusión vuelvo al rato, hecha la comida y la siesta, y sigo viendo la misma cantidad de hielo y unos pingüinos burlones, que me ven y me palmotean en la cara mientras torpemente desaparecen por el fondo de la nevera. "Hay que pasar a la acción" me digo, y caliento ollas de agua.

Tras mucho calentar y mucho rascar el hielo comienza a ceder. Se oye llover dentro de mi nevera, lo que resulta divertido aunque un tanto desconcertante. Y empiezo a sentir como si hubiera ganado la copa de Europa de las neveras. Gigantescos trozos de hielo se precipitan al rato, cayendo sobre la cesta de la fruta, reconvertida en improvisada piscina de hielo. Pienso en la posibilidad de revenderlo para fabricar mojitos. Me haría rico...

Una vez que parece que todo está a punto, limpio las últimas gotas e intento arrancar los últimos hielos. Conecto de nuevo la nevera.

Cruzaremos los dedos. Y quitaremos los remontes, por si acaso.

Desnudo

Cada día mostrar un poquito.

Cada día ser tú.

Cada día ser honesto.

Para acabar perdiendo siempre.

Volvemos a empezar

Aquí.

Jardinería

No se pueden regar las plantas en exceso. Se pudren.

No llega el viernes

Ayer fue miércoles. Hoy es jueves. El reloj atrasa un minuto por cada medio que adelanta.
No llega el viernes.

Mañana posiblemente sea jueves otra vez. Seguro que algo sale mal y hay que repetir el día. Y pasado, miércoles. Ya nos ha llegado la confirmación vía fax.
No llega el viernes.

En el hipotético caso de que llegue, nos va a parecer mentira. A mi por lo menos...

miércoles, 13 de abril de 2011

Brazos

Esta noche me has dicho corazón mío. Y me he visto hace mucho mucho tiempo, en tus brazos. Me he visto débil, pequeño. Me he visto como era y, en el fondo, como soy. A veces pienso que los años pasan de largo como simples cifras, ajenos al efecto que se supone que deben tener en mí.

Esta noche me has dicho corazón mío, Y me ha recordado a las noches de invierno. A los cortes de luz. A una caldera que se apagaba. Al ruido del agua en las tuberías. A mi padre cortando leña. A una tele que siempre estaba estropeada. A las cenas de tortetas y moniatos. A los viernes de "La clave".

Esta noche me has dicho corazón mío. Y me he tumbado en mi camita, en la que sigue siendo mi camita, mientras me arropabas cuando me tocaba irme a dormir. Y me esperaba mi panda de la noche, mis sueños de siempre. Las pesadillas pasaban de largo.

Esta noche me has dicho corazón mío. Y algo se ha estremecido en mi alma, como un escalofrío profundo que ha removido mis entrañas. Y no he podido retener dos gotas de rocío en mis ojos.

Retales

Lo sabía, pero procuraba no darle importancia. Su vida estaba hecha de retales. De cosas inservibles para semejantes muy distintos.

Nunca buscó lo que tenía. Se lo fue encontrando, como piezas de coleccionista tiradas a la basura, como juguetes rotos que ya agotaron la ilusión de sus propietarios. Fueron cosas deseadas, pero ya inservibles.

Una fría noche de invierno se lo encontró en la puerta de su casa. Allí estaba, hecho un ovillo. Se abrió la puerta. Levantó su cara. Se miraron y estuvo todo dicho. Lo llevó al veterinario, lo cuidó, hasta le compró un juguete que apenas usó. Fue el primer retal de su vida.

Años después, pasando lista descubrió un color distinto a los demás, una mirada triste tras unas sucias gafas. Allí apareció la segunda pieza de su puzzle. Tras un sórdido pasado y ser el centro del odio común descubrió que la vida a veces da segundas oportunidades, con quien precisamente menos se lo espera. Y así fue como se hicieron inseparables. Y hasta llegó a perdonar a los que nunca le quisieron. Más que nada, porque él se quedó con el corazón que a ellos les faltaba.

La tercera pieza había sido maltratada por la vida. Siempre utilizada, nunca deseada. Moneda de cambio de los intereses de los demás. Una pobre infeliz. Pero dichoso aquel día en el que acabó su mala suerte al empotrar su coche contra aquella señal. Justamente estaban detrás. Sus atribuladas disculpas les parecieron muy simpáticas y por eso la invitaron a cenar a casa. Se quedó sorprendida de cómo dos hombres podían tener una casa en orden. Y hasta parecer un hogar.

Y así quedaron todos juntos, como esos trozos de tela que sobran de los vestidos de boda. Se guardan en un cajón y se olvidan. Ya nadie los necesita.

Salvo ellos mismos, naturalmente

Alergia

No puedo abrir los ojos. Espero preparar bien el sandwich correspondiente al día de la fecha y no quemarme.

Mañana

Durante mucho tiempo te he estado evitando, pero ya no puedo dejarlo mas. Mañana será el día.

Al principio no había casi nada. Pero, poco a poco, la cosa se ha ido haciendo cada vez más gorda. Le he ido dando largas, pensando soluciones imaginativas, pero nunca me he atrevido a coger el toro por los cuernos. Y, como persona resuelta que soy, he decidido que esta situación se acabará mañana.

La situación se ha vuelto insostenible, y temo que está afectando a su normalidad. No hay más remedio que asumir el problema y, en la medida de lo posible, resolverlo. Y el día siguiente al de hoy será cuando lo haga, aprovechando que no tengo inglés.

Decididamente, mañana descongelo el congelador. A ver si puedo con la capa de hielo. Que la Virgen de las Nieves me ayude.

Descubrimiento del día

La seta de emergencia.

martes, 12 de abril de 2011

Tres qués

Primero: Que jarros de agua fría tiene uno que echar de vez en cuando.

Segundo: Que recuerdos del año pasado a estas alturas, y que mesecito y medio. Menos mal que encontré quién me aguantara.

Tercero: Que primavera distinta a las últimas. Todavía no tengo la depresión pre fin de curso.

Haciendo hora

Son las once menos veinte. Estoy haciendo hora para mi llamada diaria, en la que me darán las novedades que, posiblemente, no sean nuevas. Al menos así lo espero.

Pasa un coche. Lo oigo porque tengo la ventana abierta. Ya va haciendo calor y hay que dejar que entre el aire. Si tengo calor al acostarme luego no duermo.

Al hilo de los coches que pasan, me planteo si en el piso que me voy a comprar se oirá mucho el tráfico de la calle. Bien es cierto que donde me voy a comprar el piso tampoco es Nueva York, aunque lo parezca.

Debería hacer la plantilla de corrección de un examen que tengo pendiente pero, para ser sinceros, no me apetece nada de nada. Supongo que lo corregiré en Semana Santa. Que lo mismo y ahora que lo pienso me da el punto y me voy con mi hermana a ver procesiones y sacar fotos. Y tengo que hacer los apuntes del último tema. Más que nada, por tenerlos para un futuro. Porque si pienso otras cosas, maldita la gracia que me hace tenerlos que preparar.

Vuelvo a mi futurible inmueble. Me asusta dar ese paso. Lo peor va a ser la cocina, que a ver dónde me la montan. Quizá debería ver si hay alguna montada en exposición y se le puede hacer un apaño. Así no hay que esperar a que hagan los muebles. Y los electrodomésticos. Supongo que podré prescindir del lavavajillas. Y quizá de la secadora si me compro el piso con terraza. Me voy a ahorrar 500 euros de secadora y -20.000 de terraza. Compra inteligente donde las haya.

Hoy ha sido un día duro para algunas personas, normal para otras, excelente para un tercer grupo y una carrera continua para un desgraciado como yo, que tengo mi propio mundo en el que, dicho sea de paso, soy razonablemente feliz. He felicitado a un amigo que cumplía años por varias redes sociales. Y he hablado por teléfono con muchas personas.

Lo duro que es hacer tiempo...

Sorteos

Hoy es el verdadero día de la suerte.

Pd: 130.000 euros son 100 puntos.

lunes, 11 de abril de 2011

Lecciones rápidas de psicología

Contracrítica

Llego al lugar de mi futurible gran actuación. Saludo a mis compañeros, que apenas son más altos que su guitarra. Intento pasar desapercibido, pero no puedo. Saco mi guitarra y me pongo a ensayar. Nervios.

Uno de mis compañeros se interesa por mí. Me pregunta con inocencia que voy a tocar. Le digo el título de la obra y me dice las notas de corrido y sin pestañear. Me agacharía por mi orgullo, pero temo que me lo dejé en casa. Lo único que encuentro es mi fiel tablatura, que me mira sin reproches.

Mientras se hacen los últimos ajustes, mis compañeros corretean a mi alrededor, jugando y gritando felices. Me siento muy extraño entre el guirigay, sin decir nada a nadie. Aquí sólo soy uno más.

Anunciamos el orden. Mi profesor coloca a los alumnos en orden, en el que me incluyo. Identifico mi antecesora. Más nervios.

Entran alumnos pequeños. Entran padres orgullosos. Eso no lo esperaba.

Van subiendo mis compañeros. Sale una niña, que toca durante apenas medio minuto. No hay acordes, tan solo un dedo que se mueve por una cuerda. Pienso egoístamente en que yo lo hago mejor. También es cierto que le quintuplico, por lo menos, la edad. Pero esto último sale muy disimuladamente de mi pensamiento en ese momento.

Toca salir. Palmadas de ánimo. La luz del escenario es la única encendida, con lo que me ayuda a mi estrategia para no ponerme nervioso, pensar que estoy solo en el salón de casa, ensayando como siempre. Solo me falta mi fiel portátil.

Comienzo. Despacito. Parece que todo va bien. Primera frase superada. Ahora viene la segunda. La segunda es fácil. Bien, todo controlado. Me sale. ¡Me sale! Vamos por la tercera estrofa.

Pero me pongo nervioso. Mi mano empieza a temblar. Mis dedos sienten escalofríos. Se han perdido entre la maraña de cuerdas y trastes. Buscan un camino que ellos mismos han perdido, que mis nervios han camuflado tras la sensación de control que tenía al principio. Visto todo unas horas más tarde, aparece como neblina, como una archivo faltante en una carpeta. Mi cerebro me quiere engañar, pero en el fondo sé lo que pasó.

El caso es que acabo de tocar. Recuerdo las indicaciones de mi profesor. Respondo al aplauso con una reverencia y me bajo del escenario con mi guitarra. Sonrisas. Nervios por eliminar. Me siento y sigo disfrutando del programa.

Al final, foto de familia. Mi interesado compañero me felicita por mi actuación. Le devuelvo el cumplido.

Al fin una cosa que no hago demasiado mal. Todavía.

Crítica musical

En la tarde de hoy hemos asistido a una actuación que, por sorpresa, ha realizado "El Niño del Polinomio" en cierta localidad española.

La actuación ha pillado con el pié cambiado a los orgullosos padres que asistían a la audición de guitarra de sus hijos, que no se esperaban tener esa suerte. "Ha sido un pelotazo total" comentaba uno de ellos. Otro le respondió "No, es una guitarra" un tanto ofuscado.

"El Niño del Polinomio" interpretó su último éxito, "Saeta", para el deleite desnatada de todos los asistentes. "Me se ponen los vellos de punta" exclamó una asistente visiblemente emocionada y que pasaba por el duro trance de haber gastado todos los kleenex. Al final de su actuación, el público rompió en un aplauso tal que los viandantes que pasaban cerca del teatro pensaban que había tormenta y corrieron a refugiarse a sus casas. Algunos de los asistentes han tenido que ser atendidos por heridas en las palmas de sus manos, pero ya están dados de alta, menos una señora bajita que está en observación.

Su representante nos concedió unas breves palabras "Tiene un arte que no se puede aguantar... por eso ha adelgazado." Asimismo, nos comunicó que brevemente estará de gira mundial por los más prestigiosos teatros. Nos han confirmado ciudades como Nueva York, Chigago, Tahal, Benitorafe Y Chercos Viejo, donde ya no quedan entradas aunque se baraja una segunda fecha.

Por otro lado, y fuera de lo musical, al ser su representante preguntado por las deudas económicas contraídas por "El Niño del Polinomio" por su más conocida adicción, la adquisición de calzoncillos de marca, éste respondió con un enigmático: "Ni te lo voy a confirmar ni te lo voy a desmentir, pero no te diría que sí pudiéndote decir que no"

"Eso a los fanes nos da igual, endemientras que no los robe y se los lave con regularidad" terció un señor que le fue a pedir un autógrafo y al final se fue andando.

En conclusión, una tarde que todos guardaremos en el recuerdo.

Disculpen la molestia. Atravesamos dificultades técnicas.



PS: Cartas de ajuste. Qué tendrán que a todos gustan...

sábado, 9 de abril de 2011

Futuro es pasado

Aquí.

Vía.

Deseos

Tan solo quiero flotar.

Terremotos II

No hay que confiar demasiado.

Por si acaso...

Aforismo

No me gusta que me conozcan demasiado.

Me da miedo.

Me inquieta.

El límite del cristal

Si miro por el cristal, lo veo todo claro.

Si no miro por el cristal, lo veo todo borroso.

Noria

Calor.

Falta de sueño.

Vueltas, vueltas y más vueltas...

... para no llegar a ningún sitio.

Terremotos

Diríase que a veces tiembla mi tierra. Ese movimiento sísmico puede tener las más diversas causas, pero es cierto que se produce. Casi que se diría que con cierta regularidad. Ese terremoto a veces es tan fuerte que derrumba alguna de mis creencias más creídas y a veces hasta queridas. Es capaz de derrumbar mitos. Y a veces es tan fuerte que derriba las vendas que en ocasiones pongo delante de mis ojos.

Y, como en los terremotos de verdad, las consecuencias suelen ser devastadoras. Destrucción, desolación e incluso muerte. Lo peor suelen ser los edificios que se caen sobre otros, que hacen que se derrumben también, cuando éstos no tienen culpa. Siempre caen los más altos, quizá porque sus cimientos son muy frágiles. Los otros resisten, pero en ocasiones se ven arrastrados y acaban por caer.

Calor a las 10

Me levanto de la cama. Tan solo me tapan un edredón nórdico, una manta y una colcha de picón. Abro la ventana. La calurosa brisa de la mañana me abofetea con fuerza la cara. Me preparo el desayuno. Decido que es hora de quitar el brasero y el calefactor.

Se avecina ola de frío.

Pregunta

¿Por qué a veces somos tan injustos y a veces tan tontos?

viernes, 8 de abril de 2011

Saeta

El nuevo éxito de El Niño del Polinomio.

video

Viernes noche

Habrá que salir a bailar...

Descubrimientos


¡¡Soy una radio!!

Traiciones mañaneras

Hoy me he despertado de chiripa. Mis tres despertadores se han aliado en mi contra.

Sueño. Principio de alergia, que no alegría. En orden de las letras sí que altera el estado de ánimo.

jueves, 7 de abril de 2011

Cosas que le pasan a un amo de casa

Que se te pierdan unas sardinas en el congelador.

Que el pan de molde se te ponga verde cuando solamente lleva caducado diez días.

Que te tengas que pegar un atracón de piña y luego te den gases.

Que la wifi deje de andar cuando ya te has acomodado en el sofá, con mantita y todo.

Que el mini-congelador de la nevera tenga una capa de hielo en la que se pueda esquiar y que no tengas ni idea de cómo quitarla.

Ruido de fondo

Aquí mismo. Mediten, mediten...

miércoles, 6 de abril de 2011

Líneas y números

Abro mi libreta. Entre los cuadros del fondo surgen seis líneas paralelas y números que, caprichosamente se reparten por esas líneas.

Saco mi guitarra de la funda. Repaso cuidadosamente si está afinada. Y empiezo a leer esas líneas y esos números que están ahí.

Mis dedos son torpes. No soy capaz de leer y tocar a la vez. Y por eso al principio no suena nada. Sonidos inconexos. Melodía que se fragmenta y se escapa de entre las cuerdas hacia el techo de mi habitación, donde acaban estrellándose.

Poco a poco la melodía empieza a tomar forma. Mis dedos pierden el miedo, como si aprendieran otra vez a tocar, descubriendo un nuevo mundo. Las notas empiezan a abrazarse, se funden con el aire de mi habitación, a la que se asoma el sol de la ventana, y salen en su busca, como regalo a los rayos que acarician el milagro del nacimiento de la música.

Ya solo queda repetir y repetir. Mis manos recorren el mástil cada vez más rápido. Mi mano izquierda y mi mano derecha se separan para trabajar juntas en la música que brota, imparable, de la boca de mi guitarra.

La magia de seis líneas y unos números dispuestos sobre ellas. La magia de la música. Qué pena no haber sido mago antes.

Precios

Ahora que estoy de compras, hay quien me dice que lo que busco es caro. En realidad, una cosa no es cara o barata por sí, sino por lo que está uno dispuesto a pagar por ella.

Si, por ejemplo, yo veo un piso por una cantidad de dinero, seguro que alguien me dice que es caro y que mire en A. Que seguro que hay pisos más baratos.

Y, en cuanto al teléfono, hay quien tiene una tarifa plana que es carísima pero que le compensa porque la gasta. Yo no la contrataría, pero bueno, cada uno es como es.

¿Y tú? ¿Cuánto sufrimiento me has costado? Supongo que nunca sabré si lo que he pagado habrá merecido la pena.

Y, ¿sabes qué es lo peor de todo? Que te volvería a comprar.

Decisiones

Hay que pensar bien. Tener muchas cosas en cuenta. Tomar la decisión. Madurarla. Y luego, tener el valor de llevarla adelante.

Insomnio de tarde

Una decisión importante ronda mi cabeza. No puedo dormir la siesta.

martes, 5 de abril de 2011

Dudas

Y si no tengo terraza ni patio, ¿Dónde tiendo la ropa?

Qué poco dura la alegría en la casa del indeciso.

Desayunos canallas

Poleo menta con gusanitos.

Versiones canallas II

Remedios Amaya



¿Quién justifica mi falta, quién?
Que a la deriva me llevará...

Cuesta arriba

Esto se está haciendo cada vez más largo y pesado de lo previsto.

-o-o-o-o-

Meeting poético = Soporte técnico. Es lo que tiene servir solo para trabajar.

lunes, 4 de abril de 2011

Ángel

Ya te he dado de cenar. Justamente después de bañarte. Me emociona ver tus manos tan pequeñitas. Tu cabeza, que aún cabe en mis manos. Tus ojitos tan abiertos, que se beben la vida que te rodea.

Es maravilloso verte sujetar el tenedor, beber agua cogiendo el vaso con las dos manos. Buchito a buchito. Hemos decidido apagar la tele. Me has contado cómo te ha ido hoy en el cole. La cantidad de deberes que has tenido que hacer. He prometido que hablaré con tu seño, para que nos deje tiempo para jugar juntos cada tarde. Poner la alfombra y tirarnos en el suelo, a mover coches, a imaginar las vidas de esos seres pequeñitos que hay dentro. Como yo hacía de pequeño.

Era tarde y me he puesto serio. Tienes que dormir. Pero no has querido. Me has abrazado. Te has tumbado encima mía y te has puesto a jugar con mi cara. Me has tirado las gafas. Casi se rompen. Me has mirado un tanto asustado, pero no te he dicho nada. ¿Para qué empezar una batalla que voy a perder?

Te has quedado dormido encima mía. El silencio de la noche nos ha envuelto a los dos. He sido egoísta. He querido tenerte un rato abrazado. Te he dado un beso en la frente y he pasado la mano por tu pelo, acariciándote muy suavemente.

Te he cogido en brazos con mucho mucho cuidado. Ni te has dado cuenta. Te he llevado a tu cuarto. He abierto las sábanas y te he tapado. Has abrazado la almohada y has seguido durmiendo, como el ángel sobre la tierra que eres.

Has venido a redimirme de mis pecados.

Flashback

Si es que no tengo remedio...

Estupideces

Que te moleste la consecuencia lógica de algo.

F en C.

Maldito

¿Y si todo lo que toco se convierte en estatua de sal?

Novedades musicales

Casi se tocar la canción de la bella y la bestia.

Absténganse de otras posibles interpretaciones.

Treinta y tantos

Tengamos muchos hijos y démosles a todos ellos todo lo que quieran para que cuando sean mayores estén hechos un lío y sean incapaces de enfrentarse a la vida.

domingo, 3 de abril de 2011

Costes / Beneficios

Me resulta muy caro ser como yo. Mucho gasto y poco beneficio.

Antieconomía.

Paréntesis

Las ideas se amontonan en mi cabeza. Cada vez más. Pensamientos, sensaciones.

Vivencias. Cosas que veo. Cosas que percibo. Pienso en futuro. Pienso en presente. Pienso en pasado. Pienso.

Mi cabeza está empezando a echar humo. Parece una cafetera cuando se le afloja la goma. El agua sale por los laterales.

Presión. Más presión. Preguntas sin respuesta, preguntas sin responder. Respuestas sin pregunta.

Reproches. Acusaciones. Ataques y contraataques. Defensas. Debilidad. Lágrimas. Resignación.

Cambios. Urgencias. Mi cerebro ya no puede más.

Necesito un paréntesis.

Lo que no he sabido decirte

Hoy ha sido el día en el que me preguntaste lo que querías saber. Me has insistido. Te lo he dicho. Y te has quedado tranquila.

Has hecho una pregunta y no te la he sabido responder, porque no soy tu. Quizá algún día encuentres la solución, aunque ya no importe. Siempre es bueno conocer, aunque duela.

Pero, por segunda vez, no te he podido decir lo que yo siento. Las palabras se quieren quedar en mi pensamiento. Prefieren el desorden de mi cabeza a abandonar mi boca con el aire necesario para llegar a tus oídos.

Y es que no quiero apostar. Lo que ya tengo es mucho y perderlo sería una desgracia, una infamia, una ofensa. Tengo lo mejor de ti. Tu confianza, tu cariño, tu amistad. Demasiada suerte para un inmerecedor como yo.

Pasos

Mañana de pasos en la arena, de pasos en las curvas. Pasos sobre las rocas. Curvas y más curvas. Hasta llegar a nuestro destino, una roca cerca de un mar de plata.

Confidencias, palabras, pensamientos.

Todavía me huelen las manos a la sal de tu orilla.

Tarde noche

El aire que entra por mi ventana me trae tu nombre, pero no lo quiero oír.

Soy sordo. O demasiado estúpido.

Casi retales

Plata

Colores de domingo

Futuro inmediato

Me va a explotar la cabeza con tanta cosa que tengo dentro.

sábado, 2 de abril de 2011

Líneas cortadas

Marco el número. Da el tono. Espero.

Mi interlocutor responde. Saludo. Saluda. Comienza la conversación. Conozco las últimas novedades. Me informan de noticias. Me preguntan mi opinión. Intento darla. Pero no, mis palabras son atropelladas por una opinión prefijada. Insisto. Pero de nuevo soy vapuleado.

No pregunto más. Mis pobres palabras no quieren salir de mi boca. Están asustadas. Me limito a asentir.

Amago de final de conversación. No lo consigo. Pregunto, pero mi pregunta se la lleva el viento. Mi interlocutor me ignora. No me oye.

Definitivamente, dimito.

Cosas de las que me siento orgulloso

Por ejemplo, llorar en determinados momentos.

Claro que no siempre hay quien merezca mis lágrimas.

2 de abril

Felicidades. Allá donde estés.

Te quiero.

Ruegos

Que mi alma arda en el infierno si alguna vez dejo de agradecer la bondad de la gente que me rodea.

Caminantes II

Bajamos dando vueltas alrededor de un eje, para llegar a una manchita blanca que cada vez se hace más grande. Allí estaban ellas, con la comida casi preparada. Alegría en el reencuentro y bebidas frescas esperándonos. Aperitivos. Primeras risas. Niños que juegan y que alegran el espíritu de los cansados caminantes.

Sol de justicia.

Falta alguien. Llamamos por teléfono. Se han perdido. Sales a su busca. No te importa saber que tienes que esperar un poco más para comer. Allí vienen, despacio, saboreando cada una de las curvas de una pista de tierra.

Deshaces el camino andado y entramos de nuevo en casa. La comida espera. Deliciosa. Salimos al sol, el sol de una tarde de primavera. Sentados en un poyo, con cara de siesta, somos requeridos para el café. Algunas bromas. Nos aguarda una sorpresa en forma de tarta.

Sobremesa. Juegos. Palabras. Algún sueño que otro. Risas. Trozos de la vida compartida que se nos escapa como la arena de la tierra que hemos pisado por la mañana. Gratitud.

Se hace tarde. Volvemos a casa.

No somos los mismos.

Caminantes

Mientras el sol les calentaba la espalda dos hombres, uno joven y el otro también, caminaban juntos. Uno escuchaba en silencio, como siempre hacía con la gente que era distinta a él. Si bien es cierto que su verbo era fácil y, a veces, hasta ingenioso, sabía reconocer cuándo debía estar callado. Eso provocaba en sus amigos cierta sorpresa y él se disculpaba diciendo cualquier excusa, como que estaba cansado.

Mientras caminaban el hombre joven impartía sus enseñanzas al otro. Las palabras no se las llevaba el viento y eran atesoradas en lo más valioso del otro hombre: Su corazón un tanto maltrecho y su cabeza un tanto descuadrada. Lo realmente importante en la vida, esa clave que todos buscamos, ese El Dorado de nuestro corazón quizá sea más fácil de alcanzar de lo que pensamos, aunque llegar a ese lugar siempre está lleno de dificultades, temores, intereses... A fin de cuentas somos animales sociales y nunca podemos estar solos del todo. Quizá la quimera del ser humano es la independencia.

El otro hombre recordó el camino recorrido. Y pensó que ya sería hora de planificar el camino que queda por recorrer.

Y quizá esos caminos ya nunca más se recorran solos.

Escriben por ahí...

La desesperación y la angustia son las únicas fuentes reales de sentido, el cual nunca será logrado con la ficción de la política…un sentido no sagrado es siempre anémico.

Vía.

Hagan caso al maestro

Y lean lo que les propone.

Pafs

Me distraen las teles en los pafs. Entre que hay que hablar alto y la gente haciendo moniguetas... No sabe uno dónde atender.

Miradas

Miradas que lo dicen todo, miradas que no dicen nada...

viernes, 1 de abril de 2011

Estados de ánimo



No es la versión que me gusta, pero se hace uno una idea.

Identidades

Últimamente soy como una cerveza. Donde voy, triunfo.

Visiones

Desde las alturas, con el mocho en las manos, observo un espectáculo fascinante. Un grupo segregado en dos partes. Por un lado, juegos de azar. Por otro, la palabra.

Parapetados tras sus respectivos personajes, disfrutan de una soleada tarde de viernes, ajenos a las preocupaciones de lo cotidiano. Acaba la semana y es momento de relajarse del estrés propio e inducido...

Mezclas imposibles

Chocolate, helado y cítricos...