Detrás de la tiza
domingo, 8 de mayo de 2011
Pase y lea
Era un señor normal y corriente, con acento de la zona y una expresión y cortesia propias de haber pisado en su día un centro educativo, joven (unos treinta) y vestido adecuadamente, aunque con ropa de mercadillo. Eso sí, la miseria la llevaba incrustada en una pátina mugrienta que cubría ambos, piel y ropa. Había conocido tiempos mejores, estaba claro. Sólo espero que en las próximas elecciones no vote al que lo ha dejado así.
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