Hay días que son como etiquetas, que se señalan en el calendario con una chincheta de color preestablecido y que nos clasifican, según estemos dentro o fuera del círculo.
Normalmente, dado que siempre mentimos, los de dentro están encantados de estarlo y los de fuera encantados de no estar dentro. Pero ambos se miran y, en su fuero interno, se envidian.
Nadie se conforma con lo que tiene.
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