Por fin cesó. Entre los ecos del eructo agónico, mirábamos al punk con muda reverencia, entre nubes de cebada, como si fuera un arcángel inaudito que acabase de anunciar el fin del tiempo. Y nada, nadie se movía. Y en medio de ese silencio aterrado, con una frescura absoluta, el largo punk, luego de pasarse el dorso de la mano por la boca, dijo:
–Sorry. ~
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