Intento no dar el futuro por supuesto, pero no lo consigo. No obstante, me abonaré al pesimismo en lo cercano y a la ignorancia en lo lejano.
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Si dichoso es el dinero que a casa vuelve, el que se asomó discretamente a la puerta debe ser digno de adoración.
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Nunca me acuerdo de cómo se escribe 39 en números romanos. Es el dulce encanto de la ambigüedad, que es la pequeña pesadilla de la no unicidad.
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