lunes, 14 de agosto de 2017

Cuaderno de agosto VI

En mi afán de buscar la perfección y de dar soluciones a los grandes problemas de nuestro mundo, siempre tan convulso y relativo, les quería llamar la atención en el día de hoy de una circunstancia que se manifiesta más de lo debido y de la que nadie se ha ocupado: las luces que se encienden y apagan automáticamente.

Estoy seguro que, en más de una ocasión, han entrado ustedes en alguna estancia dotada de esta innovación domótica. Es especialmente común en los aseos y plantea retos a los que es complicado responder.

El caso es que, al entrar en la estancia, causa gran glamour, e incluso sensación de poder, que se ilumine de forma automática. Mientras se decide por qué urinario será el afortunado y se ocupa la efímera y aliviante estancia no pasa nada. Pero, pasados unos segundos, la luz se va y uno vuelve al estrato social del cual procedía. Siendo uno maestro de pueblo, háganse cargo del descenso.

La solución no es fácil, y depende de la pereza del sensor. En algunos casos un leve movimiento basta para volver a la vida, pero en otros casos es necesario realizar verdaderos contorsionismos o coreografías dignas de los videos musicales más punteros. De hecho, yo he llegado a bailar moviendo insinuosamente la pelvis y moviendo la mano no sujetante alternativamente a izquierda y derecha hasta que la luz ha vuelto. Y menos mal que no suelo utilizar los baños públicos para las aguas mayores, porque entonces no sé cómo me habría apañado.

Desde mi modesto punto de vista, hemos de crear un grupo de trabajo, si no una comisión delegada, que pueda encontrar soluciones adecuadas a este problema. Esta en nuestras manos un mundo mejor para nuestros hijos.

Cuaderno de agosto V

No hay verano sin urgencias.

sábado, 12 de agosto de 2017

Cuaderno de agosto V

La revisión del plan de centro no es exactamente igual de excitante que el senderismo pirenaico, pero tiene su cosa, oiga.

Postales de agosto XI

sábado, 5 de agosto de 2017

Cuaderno de agosto IV

Uno aprende lo que es el respeto cuando una vaca te mira y, después, te dice mu.

Postales de agosto VII

viernes, 4 de agosto de 2017

Postales de agosto VI

Cuaderno de agosto III

Hoy, por encima de Baqueira. Vacas a sus anchas. Subida que amenazaba al bajar, aunque luego no fue tan malo.

Paisajes preciosos y el rumor del agua que nos invade. Caminamos en silencio, cosa que me resulta extraña, pero agradable.

Lago a media altura. Árbol que desafía a las aguas, que lo sacaron. Lagos en altura, remanso de caballos.

Ni una gota de sombra.

Vamos ampliando y observando. Prefiero el silencio. Me hago mayor.

Postales de agosto V

Postales de agosto IV

Postales de agosto III

Cuaderno de agosto III

Madrugón. No se por qué los despertadores de los hoteles son tan impersonales. Será por lo del low cost. Recuerdo que antes un señor te hablaba.

La llegada a la estación fue casi inmediata. No hacía frío, pero tampoco calor. El SAMUR y la Policía iluminaban Atocha.

Afortunadamente, la cafetería estaba abierta. Un señor estaba sentado en una mesa, con pinta de ser compañero de excursión. Mirada furtiva. Café con leche y croissant.

La gente empieza a llegar. Hay una cinta que te obliga a pasar por la cafetería, pero nadie pide nada. Mis compañeros empiezan a llegar. Recuerdo aquello de las primeras impresiones. Hace sobre doce horas que no hablo con otro ser humano.

Acomodados todos empieza el viaje. Miro, oigo y callo. Pero como apenas habla nadie, cambio el oír por el observar.

Paramos en Zaragoza. Podía haber sido un pueblo de Granada, debido a la gentileza y amabilidad en el trato. Quizá para no echar nada de menos. Allí se me presenta mi primera compañera, novata y perdida, como una versión en mayor de mi mismo.

Reconfortado por conocer a alguien, que para eso y para andar hemos venido, volvemos al autobús, con una película argentina. Toma del frasco.

Llegamos a Benabarre, donde el grupo de novatos se amplía al subir una cuesta. Llegamos al castillo. Y de vuelta al bus. Nos espera el hayedo. Y el túnel de Viella. Y el hotel.

jueves, 3 de agosto de 2017

Postales de agosto II

Cuaderno de agosto II

El viaje fue bueno. El tren, por muy AVE que sea, traquetea.

Al llegar a Madrid mucho calor. Sin decidirme a ir de musical, un autobús turístico se me apareció, literalmente. Y decidí que ese sería el plan.

Tome posesión de mi Reino individual por una noche y me fui al supermercado. Sacié algunos despistes y luego recordé otros nuevos, pero eso es que es así por ley. Y me fui a pasear.

La noche, como se preveía, con sándwiches de Rodilla. Y Clint Eastwood de invitado.

martes, 1 de agosto de 2017

Postales de agosto

Cuaderno de agosto

Hace mucho que quería hacer un viaje solo o, al menos sin conocer a nadie. Y, cuando llega el momento, me entra miedo. Pero el caso es que aquí estamos, camino de lo desconocido, con un poco de pellizco en el estómago y la seguridad de que, en el fondo, es lo que tenía que hacer.

Sospecha

Que yo no digo que esto no sea el ave, pero se parece sospechosamente a un autobús de toda la vida.

martes, 25 de julio de 2017

Postales de julio VI

Una de escaparates

Lo que peor llevo de no ser famoso es no poder tener mi propio perfume.

martes, 18 de julio de 2017

La linde et moi

Ayer acordé por unanimidad explorar la ruta de la fuente de la Bicha. Así que esta mañana me cogí mis aparejos de senderista urbano y tiré p'allá con la mayor de las ilusiones. La llegada al comienzo del sendero estaba bien señalizada, con todo tipo de detalles, pero no el final. Así que dotado de mi habitual espíritu aventurero me puse a darle a la pata.

Pasaban los metros, no los de coger, los de andar, y el sol hacía su función con notable esmero. Afortunadamente, se sucedían los árboles y algo de sombra había de vez en cuando. Pasé una primera calle, pasé un segundo puente y llegué hasta los túneles del Serrallo.

Un poco más adelante se bifurcaban los caminos. Decidí tomar el mas estrecho, en parte por romanticismo y pintoresquez y por probabilidad de encontrar una fuente, pero la fuente no aparecía. Me vi solo entre tanto árbol y con el rio a gauche, las posibilidades de ver la fuente desaparecían. Pero seguí andando. A lo Forest.

Y, al final, después de cruzarme con varias personas que iban o corriendo o andando y que tuvieron a bien respetar mi integridad patrimonial, porque lo mismo de la física me hubiera dejado, llegué a una gasolinera. En Cenes.

Así que me compré un aquarius, paseé un poco por el pueblo y decidí volverme en autobús. No sin antes debatir si debía comprar un bono o un billete sencillo.

Postales de julio II

lunes, 17 de julio de 2017

De Virgen a Virgen

Mediado el mes de julio y superada la primera advocación, seguimos afrontando este verano que, si breve, dos veces verano. Aunque con uno ya baste, sobre todo en lo que al calor se refiere.

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Senderismo urbano. Kilómetros errantes. He pasado por varios sitios que me han traído recuerdos, entre patéticos y entrañables, que de todo hay en esta vida. Ciencias sigue igual que siempre, pero con más cachivaches colgando y gente con más rastas, si es que ello fuera posible, estudiando. Hoy, por ejemplo, he bordeado la estación del tren. Se trata de andar y que nos de el aire, aunque sea caliente.

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Fuentes. Recuerdo a aquella breve compañera de facultad que decía que aquí no había fuentes. Tampoco es que hicieran falta entonces pero ahora, quizá por la edad o el andar, se agradecen.

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Propuesta de ruta: la de los institutos imposibles.

Postales de julio

martes, 11 de julio de 2017

Post para hacer constar...

... que siendo las diez horas de la mañana, hemos procedido a la recogida del título de máster, siendo más engorroso los procesos de entendido de la administrativa implicada, por baja voz, y compulsa del mismo, por ausencia de fotocopiadora capaz.

Endespués hemos procedido a la vuelta a la comarca, previo cabreo a un autobusero y posterior correctivo de mala acción mediante el calado del coche. Cosas de la expiación de los pecados.

Y de no pisar el embrague.

El eterno retorno

Hoy tocó descongelar la nevera. Menos mal que el calor ha hecho todo el trabajo.

lunes, 10 de julio de 2017

¡El metro! ¡El metro!


  Iba yo ayer, feliz, camino de la estación de autobuses, en esa faceta de taxista que a veces me acompaña cuando, al cruzar el paso de peatones, oí el ruido de una campana. Me pareció un poco tímida para ser la del juicio final, fueraparte de que en domingo están cerrados los juzgados. Así que giré mi cabeza y lo vi, majestuoso, acercarse y pasar delante de mi, con ese aire de suficiencia que se dan los entes importantes.

Paró y lo contemplé. Brillaba en lo alto el cartel de "Sin servicio". Y, tras guiñarme un led, reanudó su marcha lenta, camino de tierras lejanas. Albolote, mismamén.

Y así fue como nos conocimos el metro y yo. 

Aunque algunas mentes malvadas y aviesas le quieran llamar tranvía.

miércoles, 5 de julio de 2017

Julio

Hemos estrenado el verano sin estrenarlo, cambiando de puesto y estrenando rutinas. El calor, de momento, nos respeta y el congelador se resiste a ser vaciado.

Aún recuerdo el primer día, hace ya más de 48 horas. Hacía tiempo que no me sentía tan raro, con el recuerdo del pasado y con la sensación de pérdida que tengo desde hace ya tiempo.

Los días han pasado y parece que las cosas se vuelven, si no más fáciles, más rutinarias. ¡Qué sería de mi sin ella!

Veamos cómo sucede todo.

No sabemos qué es ahora

miércoles, 28 de junio de 2017

Parafraseando

Fue en un pueblo sin mar, un día, después de dar clase

lunes, 26 de junio de 2017

Lunes

Evaluaciones. Agotamiento mental. Cansancio. Tristeza.

domingo, 25 de junio de 2017

38

Nunca deja uno de aprender.

Ni de sorprenderse.

Ni de llorar.

¡Aunque ya sería hora, leñe!

martes, 6 de junio de 2017

Dormir, pero no soñar. Para eso, quizá ya sea tarde.

Hace mucho tiempo que no escribo. En parte porque no sé si quiero que se sepa lo que quiero decir, en parte porque no quiero que me lean, porque así se enteran. Aunque de eso se trata, de decir lo que uno quiera y que te lean. Contradicciones de uno mismo.

Me hago mayor. Mientras, ocupo mi tiempo en estudiar. Realmente lo único que se me da bien. Diría también que el porno, pero quedaría muy mal, así que haga como que no lo ha leído. Pienso que esa obsesión por la formación se debe a la necesidad de aplazar, de no enfrentar, de huir sin que se note. ¡Quién sabe! El caso es que me hago mayor y creo que ya me he dado cuenta.

Escribir. Para ello hay que tener calma. Pensar. Dar forma a las palabras para que cobren vida en un relato, formando frases con sus sujetos y sus predicados. Porque, a las frases, hay que ponerles sus ingredientes y sus especias. Y hasta cocerlas a fuego lento, sin saber qué saldrá al retirar la olla del calor.

Se acerca el verano. Me voy a proponer no hacer nada. O, al menos, procurar no hacer mucho. Piscina y cerveza. Paseo y lectura. Dormir, pero no soñar. Para eso, quizá ya sea tarde.

Y lo peor es que no me atrevo a decirlo en voz alta

Este mundo me parece cada vez más absurdo.