martes, 6 de junio de 2017

Dormir, pero no soñar. Para eso, quizá ya sea tarde.

Hace mucho tiempo que no escribo. En parte porque no sé si quiero que se sepa lo que quiero decir, en parte porque no quiero que me lean, porque así se enteran. Aunque de eso se trata, de decir lo que uno quiera y que te lean. Contradicciones de uno mismo.

Me hago mayor. Mientras, ocupo mi tiempo en estudiar. Realmente lo único que se me da bien. Diría también que el porno, pero quedaría muy mal, así que haga como que no lo ha leído. Pienso que esa obsesión por la formación se debe a la necesidad de aplazar, de no enfrentar, de huir sin que se note. ¡Quién sabe! El caso es que me hago mayor y creo que ya me he dado cuenta.

Escribir. Para ello hay que tener calma. Pensar. Dar forma a las palabras para que cobren vida en un relato, formando frases con sus sujetos y sus predicados. Porque, a las frases, hay que ponerles sus ingredientes y sus especias. Y hasta cocerlas a fuego lento, sin saber qué saldrá al retirar la olla del calor.

Se acerca el verano. Me voy a proponer no hacer nada. O, al menos, procurar no hacer mucho. Piscina y cerveza. Paseo y lectura. Dormir, pero no soñar. Para eso, quizá ya sea tarde.

Y lo peor es que no me atrevo a decirlo en voz alta

Este mundo me parece cada vez más absurdo.