miércoles, 30 de agosto de 2017
Cuaderno de agosto XI
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Mañana de gasto desenfrenado, aunque necesario y, en algún punto, recuperable.
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Releo y no me acuerdo. Sensación agridulce, como el cerdo.
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No olvidar apuntar la nueva denominación: Mocholero
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Lo malo de esto de los blogs es que le quitan a uno sus armas para dárselas al enemigo. Gracias a Dios que ya no se lee, que si no...
Cuaderno de agosto X
martes, 29 de agosto de 2017
Cuaderno de agosto VIII
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Pienso en hacer cosas nuevas, plantear el año como un descanso de lo habitual, que falta hace. Ya va teniendo uno edad de estar tranquilo y hacer aquello que le guste.
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Las urgencias, a destiempo, parecen más urgentes. Se siente uno triste y, aunque la razón venga en tu auxilio, siempre acaba uno lamentándose.
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Mañana atreniza nuestra Cataluña particular. El Señor nos ayude y nos asista.
lunes, 28 de agosto de 2017
viernes, 25 de agosto de 2017
jueves, 24 de agosto de 2017
miércoles, 23 de agosto de 2017
lunes, 21 de agosto de 2017
domingo, 20 de agosto de 2017
sábado, 19 de agosto de 2017
Cuaderno de agosto VII
Aunque las películas de Garci, las de la primera época, tienen su interés y hasta su moraleja, no es conveniente pasarse en la dosis. Una cada quince días, si eso.
martes, 15 de agosto de 2017
lunes, 14 de agosto de 2017
Cuaderno de agosto VI
En mi afán de buscar la perfección y de dar soluciones a los grandes problemas de nuestro mundo, siempre tan convulso y relativo, les quería llamar la atención en el día de hoy de una circunstancia que se manifiesta más de lo debido y de la que nadie se ha ocupado: las luces que se encienden y apagan automáticamente.
Estoy seguro que, en más de una ocasión, han entrado ustedes en alguna estancia dotada de esta innovación domótica. Es especialmente común en los aseos y plantea retos a los que es complicado responder.
El caso es que, al entrar en la estancia, causa gran glamour, e incluso sensación de poder, que se ilumine de forma automática. Mientras se decide por qué urinario será el afortunado y se ocupa la efímera y aliviante estancia no pasa nada. Pero, pasados unos segundos, la luz se va y uno vuelve al estrato social del cual procedía. Siendo uno maestro de pueblo, háganse cargo del descenso.
La solución no es fácil, y depende de la pereza del sensor. En algunos casos un leve movimiento basta para volver a la vida, pero en otros casos es necesario realizar verdaderos contorsionismos o coreografías dignas de los videos musicales más punteros. De hecho, yo he llegado a bailar moviendo insinuosamente la pelvis y moviendo la mano no sujetante alternativamente a izquierda y derecha hasta que la luz ha vuelto. Y menos mal que no suelo utilizar los baños públicos para las aguas mayores, porque entonces no sé cómo me habría apañado.
Desde mi modesto punto de vista, hemos de crear un grupo de trabajo, si no una comisión delegada, que pueda encontrar soluciones adecuadas a este problema. Esta en nuestras manos un mundo mejor para nuestros hijos.

