miércoles, 19 de febrero de 2014

Anillos de oro

Si algo bueno tiene la tele es que es cada vez peor. Verdaderamente, por la noche no hay nada que ver, así que uno fomenta la lectura o estudia los mercados financieros. A veces incluso las dos cosas a la vez. Pero lo mejor de todo es que uno echa la vista atrás y rescata series de la tele pública, de los años 80, de esas que nos mandaban a la cama apenas aparecía el título y que uno, en aquella época inocente, identificaba con cosas escabrosísimas y desagradabilísimas, inapropiadas para púberes de familias cristianas y decentes. Imagínense que a veces se ve una teta así de lejos o una señora en faja. Escandaloso.

Vistas ahora, con el paso de los años, se da uno cuenta de que tampoco eran para tanto. Y es que todo estaba ya inventado, lo único era la forma de afrontarlo. Antes se tapaba y ahora se muestra todo. Que digo yo que en el punto medio está la virtud, pero este país es así, no entiende de centro, aunque todos se identifiquen con él.

Y, además, el tiempo les ha dejado una pátina de ñoñería, amén de un estilismo que nos hace, bueno a mi no, que yo era muy joven, arrepentirnos de tanta hombrera y de tanto estampado imposible.

Eso sí, los habituales estaban más lisos. Si es que los años no perdonan. Fueraparte de ser crueles.

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