domingo, 18 de mayo de 2014

La ventana

Ya está instalada. O, más bien, abierta. Mientras yo daba los últimos golpes con la azada los albañiles, con un primor contrario al esperado, fueron agrandando ese pequeña mirilla hasta convertirla en un rectángulo, perfectamente trazado, rompiendo la uniformidad de la pared, a medio pintar por el almez que hasta hace poco la tapaba.

A fin de cuentas y cayendo en tópicos y frases célebres, un pequeño picotazo para un albañil se convirtió en una gran ventana, una ventana que da luz a un anhelo, convenientemente ahogado por cuarenta años de noes primero e indiferencias después.

Reivindicaciones con razón. Hechos que ahora producen sentimientos de rabia, aunque a mi eso me resulte bastante curioso. El, los, que quiso vivir incómodo no debió morir infeliz. O al menos siempre fue inocente.

Aunque lo mejor de todo es que para poner fin a cuarenta años de desidia una familia se haya tenido que extinguir. Y, pensándolo un poco, eso dice mucho. Tanto de los vivos como de los muertos.

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