sábado, 10 de mayo de 2014

Sábado

Bajo a esquilarme. Esta vez me he dejado, en parte conscientemente, en parte por estar ocupado. Borrar 50 años de inacción huertística no es un reto fácil. Aunque se consigue si uno se lo propone.

Puntualidad británica. Me espera el joven peluquero leyendo el periódico y el sillón de presunto cuero vacío, lugar de mis confesiones más triviales.

Salgo. Los temas de hoy han sido el tráfico y el tiempo. Sustancia para empezar la mañana. Los habituales marginados, esta vez con niños, admiran mi nuevo look. Desaparecidas las motos en San Agustín, una nueva terraza se cierne sobre la plaza. No cabe un turista más. Terrazas sin turistas, turistas sin calles.

Gente normal que pide, aseada, peinada. Crisis que se resiste a irse, a pesar de todo. Alguien se lo debería decir.

Encargos relojeros. Me sorprende la feria del libro, nuevo. La del libro de ocasión da un poco de grima. Tampoco yo me he enterado de que la crisis haya pasado. Compro encargos que podrían interesar. Puestos que aceptan tarjetas. Anarquistas incluidos. Tampoco se enteran. Otra crisis que no ha servido de nada.

Y volví a casa como los Reyes Magos. Por otro camino, huyendo del calor y de la gente que te pide que te asocies a las más variopintas causas.

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