jueves, 24 de octubre de 2013

Jueves

La semana ha cumplido su cometido. Ha sido una semana rara, entre huelgas que he aprovechado para hacer papeles, que tiene webs también, y corregir cosas para ponerme al día. La cosa es distraer las tentaciones y procurar no pensar mucho, que a la larga es lo mejor.

No me gustan las huelgas. La única vez que fui a una fue gracias a una revolucionaria compañera, en quinto de carrera, que nos llevó a protestar contra el CAP de dos años y al final acabamos protestando por otra cosa. Gobernaba Aznar y tocaba protestar. Aún recuerdo cómo se vino arriba al ver a dos compañeros, mi querido J. M. y un servidor, de tal forma que se puso a gritar "¡Vamos compañeros!" en  medio de la Gran Vía, relativamente llena de gente. En ese momento el entonces compañero de sufrimientos y yo nos miramos y nos lo dijimos todo. Luego vino lo de su novia fallida, pero eso es otra historia relativamente divertida que no viene al caso.

El caso es que quizá con tanta huelga se desvirtúe el sentido de la misma. No se si es lógico que protesten aquellos a los que les corriges exámenes y ves los mismos fallos que ya has corregido antes hasta la saciedad.

En resumidas cuentas, que el problema ni quieren arreglarlo ni, posiblemente, tenga arreglo.

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