miércoles, 4 de abril de 2012

Aquellos maravillosos años



Han venido a visitarme en forma de foto. No recuerdo exactamente el como, pero acabamos comiendo en el chambao de la Mari, cuando que quedaran adolescentes para comer juntos no era tan cotidiano.

Era la prórroga de un tiempo que se acababa, que nos obligaba a elegir caminos distintos, por duro e inaceptable que eso fuera para nosotros en esa época. En realidad supongo que sería duro solo para mí, que era el sentimental y aún lo sigo siendo. Pero cada cual lleva estas cosas a su manera.

La foto parece de los años 70. Pero no, es de junio de 1996. Algo ha llovido desde entonces. Y tan sólo mantengo a dos personas ubicadas hoy en día.

De espaldas, Vela. A su lado, Pedro. Luego, mi buen amigo Victoriano, con quien tuve la suerte de compartir tiempo en los años posteriores y toque todos los días. A su lado no se quién está, pensaba que era Vela, pero Facebook me saca de mi error. Luego está Antonio, un gran amigo sin quien resultaría difícil explicar parte de mi vida.

Aparece también la Mari, la madre del Tato. Fue en ese año cuando murió su marido, justamente en ese lugar y en esa misma época. Lo que no recuerdo bien es si fue antes o después de esa comida. Luego está Reina, Galindo, un servidor (sin gafas ni tiza tras la que esconderse), Sergio y Escobar. Porque en aquella época nos llamábamos por los apellidos, quizá porque éramos menos cercanos, o por extensión del trato que nos daban nuestros profesores.

Examino en mi memoria los recuerdos de aquél día, pero no hay nada. Supongo que estaría intentando que el agua no se escurriera por entre mis dedos focalizando, como siempre, en la inminente desgracia antes que en disfrutar del momento. He tardado muchos años en aprender que el agua se escapa, por mucho que uno junte o apriete. Seguro que acabas tropezando y se te va la poca agua que has sido capaz de retener.

Supongo que lo pasaría bien. A fin de cuentas teníamos 16 años y con 16 años en aquella época no se necesitaban grandes cosas para ser feliz. Yo siempre tenía algo de complejo, por aquello de tener un año menos, pero hay que reconocer que, en esas épocas, uno o dos años menos se notaban.

Ahora que lo pienso, yo debo tener algunas de esas fotos. Recuerdo una que nos hicimos justo al lado de la tienda, sentados en las escaleras. Debería buscarlas. Pero, al verlas, no siempre acuden buenos recuerdos. Debería intentar bloquearlos. Y quizá buscar a toda esa buena gente, aunque sea simplemente por preguntar qué tal todo.

Sería cuestión de intentarlo. Al fin y al cabo, una vez fui jefe de extraescolares.

PD: Mientras escribo acabo de recordar quién es el desconocido con gafas, aunque no recuerdo su nombre. Repetía COU y, posiblemente, fuera de Marchena.

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