viernes, 5 de abril de 2013

Viernes

Veía la oscuridad venir desde el sillón, mientras veía las desventuras de la comunidad que, en cierto modo, es reflejo de lo que tenemos nada más salir al rellano. Aún así, decidí irme, más que nada porque no quedaba otra. Y me llovió al tirar la gran cantidad de basura individual, consecuencia de las prisas pasadas. Y de que todos los envases de plástico se acaban a la vez. Es curioso, pero así es.

El viaje transcurrió entre lluvias y paradas. Pasé miedo al adelantar dos camiones, mucha agua en suspensión. Y llegué buscando un barro, extraviado por su despistado vendedor. Un claro ejemplo de "por qué poco es un hombre cabrón".

Sigo incrédulo. No encontramos explicación. Y, a veces, ni siquiera consuelo.


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