miércoles, 5 de septiembre de 2012

Comentario de texto



Vivir en la irrealidad, en los deseos, en los sueños. No querer ver aquello que somos, no aceptar que interrelacionamos con los demás.

Desde la primera vez que la vi, el final de esta película me desagradó. Pero, no por ello, puedo dejar de verlo. Será mi atracción natural por todo aquello que me hace daño, esa especie de tendencia a la autolesión psicológica, que es la que mola.

Ella es una chica "de compañía" pero no de "tanta compañía". Busca a algún hombre rico que la mime y así poder vivir feliz. Él es una especie de gigoló que escribe en sus ratos libres. Ambos son seres atados a sus circunstancias, y quién no, pero sabedores que son la parte más débil de la cadena, aquello que llevará siempre las de perder a no ser que se anden con algo de ojo. Sobrevivir es burlar un día más a su mala suerte, buscada o no.

Pero, como sucede siempre en las películas, se enamoran. Ella es la idealista y él, como todos los hombres, el tonto que lo daría todo por ella hasta que, bajo la lluvia, decide tirar la toalla. Y tanto él como el gato rubio salen por la puerta trasera del taxi por idénticos motivos. Es muy difícil aceptar ser amado, ser consciente de la responsabilidad que ello implica, convertirse en el centro de otra persona y abandonarse por quien te ha dicho que te quiere, renunciando cada uno de ellos a su anterior yo. Por eso no viene mal una excusa, un amor que se va, un avión que despega...

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