domingo, 23 de septiembre de 2012

Prelunes

Este calor de otoño temprano me desconcierta. Lamento que me funcione tan bien el termómetro del coche. Quisiera que fuera como la prensa, que te cuenta la verdad que quieres escuchar, tan sólo hace falta elegir bien la emisora o periódico.

Hoy, en la vuelta, me sobraba la música. Afortunadamente por un momento. Siempre me he preguntado cómo puñetas se le ocurre a alguien esa genialidad, esa gota que rebosa el vaso de tus emociones y que sale en forma de lágrima por tus mejillas, haciendo que tus preocupaciones, al menos por un momento, se desvanezcan.

Sigo dando vueltas a la cuestión. No es fácil ser inmune, aunque se intente. No hay peor castigo que ser agraciado con aquello que uno quiere, especialmente si lo tiene bien pensado y meditado y, en el fondo, lo pide porque otros lo tienen, a sabiendas de que uno no lo necesita. Pero pedid y se os dará, ahí está la trampa.

Acuerdo definitivamente seguir con la decisión que he tomado. Lo que no sé es por qué aconsejo que no se discute lo ya meditado y yo no paro de volver una y otra vez.

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