martes, 10 de julio de 2012

Hacer tiempo

No es una cosa fácil eso de hacer tiempo. Hacer tiempo es cuando, por ejemplo, llevas a cambiar una llanta y te dicen que te pases en una hora, por lo que te vas, das un paseo, miras unos zapatos que te gustan aunque son de chica y te los acabas comprando, porque a fin de cuentas el zapato qué sabe, y te vuelves a por el coche. Y es una cosa completamente distinta de esperar. Esperar es cuando quedas con alguien a una hora y lugar y ese alguien llega tarde, por el motivo que sea y, claro, no te vas a ir, porque como puede llegar de un momento a otro...

Hacer tiempo es un arte. Y hay que tener en cuenta que no todo vale. Por ejemplo, se puede uno dar una vuelta, pero no meterse en un bar a tomar algo, porque eso podría considerarse dopaje. En todo caso, sí que valdría comprarse un helado, granizado u horchata, tan refrescante e imprescindible en esta época de año, porque al poder ser ingerido "on the run" la cosa cambia.

Otra estrategia que se puede emplear es entrar en alguna tienda a curiosear, pero hay que tener cuidado. Podría entrarse en cierta librería, más que nada porque los dependientes están "into their pompa" (disculpen estas morcillas inglesas, pero tengo que ir practicando) a ver si hay algo interesante. Hay que evitar las tiendas poco concurridas, porque si el dependiente es hábil puedes salir con media tienda, porque con el conque de que tenemos tiempo, pues puedes entrar al Corte Inglés a mear y salir con un aifon bajo el brazo, cosa que le pasó a un amigo que no era yo. Hay que tener cuidado con el curioseo y no traspasar la línea, entrando en la zona delimitada como "me lo voy a deprobar" o "me lo puede denseñar".

Si se elige la opción barata hay que tener cuidado: pasear está bien, pero no es elegante mientras se hace tiempo pasar más de dos veces por la misma calle, así que ni se les ocurra irse a una calle comercial y estar de arriba a abajo. Eso está absolutamont demodé e incluso puede ser motivo de denuncia. Lo mismo que encontrarse con alguien. Cuando se hace tiempo no se debe uno encontrar con nadie, porque entonces el hacer tiempo no tiene gracia. En tal caso, métanse en la primera bocacalle que encuentren o bien pónganse unas gafas de sol y salgan corriendo, aunque llueva que se las pele. Tampoco es recomendable dejarse dar el tostón por esos señores/as que deambulan por las calles de España con una carpetita pontificando sobre las causas nobles más variadas, por si algún incauto pica. Repitan lo indicado para seres conocidos con los que uno se pararía a hablar en la calle.

Pues espero que, con estos sabios conejos, hagan ustedes tiempo de una mejor forma a partir de ahora. Les dejo, que he quedado en un rato.

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