domingo, 29 de julio de 2012

Vuele con nosotros

Ya habíamos encontrado la puerta y el avión merodeaba ya por la terminal. Como en tradicional, se formó la tradicional cola de gente que espera antes de vaciarse el avión. Permanecíamos sentados, pues ya somos perros viejos en ello.Al cabo del rato embarcamos. Primero las filas del final, como es tradicional, aunque los pasajeros no quedaban muy convencidos. El caso es que te meten prisa para que embarques y luego tienes que esperar un buen rato en el finger, mientras la gente coloca las maletas no facturadas en los compartimentos habilitados a tal efecto. De hecho, como te despistes te quedas sin sitio, lo que ha propiciado el primer momento de tensión. Una señora se ha cabreado con otra por el exceso de maletas de mano. Se han puesto a discutir en rumano y la cosa ha ido cada vez a más. Cuando no quedaba otra, se ha acercado la azafata a mediar un poco. Éste ha sido también el trance de nuestra compañera de terceto asientil, que se lo ha tomado con más calma. Al final han reubicado las maletas y la primera señora cabreada colocó en un hueco su maleta. Y para celebrarlo, pegó un portazo al compartimento.
Y, después de esperar un rato, hemos echado a volar.

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