miércoles, 30 de enero de 2013

Run, baby, run

Desde la semana hospitalaria, aunque lo fuera muy poco, ando acelerado. Al volver al otro trabajo las cosas parecía que habían dejado de funcionar. Ahora se han puesto de moda los cables rotos o rebeldes, que no parecen dispuestos a colaborar. Unos, porque están en el cielo de los cables. Otros, porque están cableados.

El caso es que a la fiesta se han unido dos discos duros y un tercero que no acaban de creerse que esté roto. Y ahí estoy, dando más vueltas que un tonto haciendo un trabajo para el que no estoy suficientemente preparado y que me impide atender lo realmente importante.

Y allá que voy, corriendo de un lado a otro. Y lo peor es que no se muy bien para qué. Y casi mejor que no me pare a pensarlo.

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