sábado, 10 de diciembre de 2011

Sumiller

Hoy me ha tocado hacer de sumiller: he tenido que elegir el vino de las Navidades. La verdad es que no sé por qué recae en mí tal honor pues, aparte de que no me gusta el vino, no tengo ni repajolera idea de ellos, por lo que la elección del caldo para la cena de Navidad se convierte en un auténtico desafío.

Lo primero de todo es elegir la denominación de origen. Este año automáticamente me han dicho que compre un Ribera del Duero, con lo cual se facilita mi trabajo enormemente y no tengo que hacer el habitual Pito Pito Gorgorito que tanto mosquea al comprador que habitualmente se acerca a mí y que hace que salga disparado de mi lado.

Una vez localizados los vinos, me paseo delante de ellos, despacio, como si supiera de qué va la cosa. Elijo el más caro y leo la etiqueta. Recuerdo que la primera vez que lo hice elegí uno que ponía "Contiene Sulfitos". Pensé "Vaya mierda de vino que tiene que ser" pero cuando comprobé que todos tenían sulfitos cambié mi opinión y le dejé de dar importancia a los sulfitos, que por otro lado, a saber lo que son y para lo que sirven...

El caso es que sigo mirando y remirando. Me dejo seducir por los nombres, busco algunos que me suenan y, si no los veo, entonces pongo cara de severidad y de saber de qué va el tema y cojo dos o tres más. Me retiro un poco las gafas de los ojos y leo por encima de ellas, como dándome importancia. Normalmente es en este momento cuando algún despistado comprador se te acerca y observa o pregunta algo y es cuando lo tengo más difícil para salir del paso, pero con la experiencia que tengo suelo salir victorioso ya que, afortunadamente, el pobre pardillo que me pregunta siempre sabe menos que yo del tema vinatero.

Y, por último y mientras mi acompañante espera mi veredicto, de dirijo hacia una botella cogida anteriormente y digo "¡Éste!" con cara de satisfacción y haciendo hincapié en la tilde. Normalmente lo acompaño con el mismo gesto de seguridad que empleo cuando sigo al GPS pero yo no tengo ni idea de dónde estoy y me preguntan si vamos bien, pero con un matiz de roble en boca.

Este año he elegido un vino que tiene que ser la leche. Vale algo menos de 4 euros pero tiene doce escudos heráldicos en la etiqueta, cosa que siempre viste mucho. Creo que se llama "Doce Insignias" o algo así. Y, en efecto, las he contado y allá que están las doce. Supongo que, cuando se acabe el vino, con la botella podremos hacer un reloj o algo porque, la verdad es que la etiqueta es un primor y me da pena tirarla, sinceramente.

Y así ha concluido mi arduo trabajo de sumiller, hasta el año que viene. Por cierto, que yo me he cogido para mí doce cervezas. Por si acaso...

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