sábado, 10 de marzo de 2012

La cacerolada

La cosa ha surgido dada la iniciativa del ayuntamiento de mi querida ciudad de peatonalizar la carrera del Darro, iniciativa que permite que un taxi pueda llevar a un turista al hotel de dicha calle pero no a un vecino que vive justo al lado, fueraparte de otras cosas como que no suba el camión del butano o que el cartero no pueda repartir en moto. Misterios de la vida.

Por ello, los vecinos y habitantes por temporadas, como un servidor, hemos decidido emprender una serie de protestas para que, por lo menos, nos dejen como estamos. Y esta tarde tocaba una cacerolada. Yo, que siempre dije "De este agua no beberé" he recibido mi bautismo de acero inoxidable. Y he de decir que con bastante entusiasmo.

El acto ha comenzado cuando uno de los cabecillas del movimiento nos ha congregado alrededor del megáfono que manejaba. Nos ha impartido unas nociones básicas de solfeo cacerolil y nos han repartido unos silbatos que, aunque un tanto regulares, ayudaban a aumentar el efecto de la cacerolada. Al principio, nos sentíamos un poco fríos, pero poco a poco la cacerolada ha ido tomando cuerpo. Cada uno con lo que tenía, la orquesta ha ido sonando cada vez mejor.

Posteriormente, hemos leído una serie de propuestas en tono de humor. Y, como nadie estaba por la labor, he decidido aumentar el bautismo cacerolero a bautismo de megáfono, añadiendo alguna perla de mi cosecha que ha hecho las delicias de una entregada audiencia.

En fin, que mola esto de protestar. Más aún cuando se tiene razón y se lucha por algo justo.

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