jueves, 29 de marzo de 2012

Manual de supervivencia ante jugadas de nuestra mente

En algunas ocasiones nos roban nuestra paz. Sucede siempre sin avisar, de forma traicionera. De repente, nos damos cuenta de algo que no nos gusta. Y nuestra cabeza se pone a trabajar. Dormimos mal, no descansamos, no disfrutamos de esos pequeños momentos que nos brinda la vida.

Nos sentimos ultrajados, creemos ser víctimas de un ladrón y cuando echamos mano al bolsillo para ver si nos han robado la cartera nos la encontramos ahí, con el contenido intacto, pero con una tarjeta de visita con alguna frase de azucarillo de bar que, al leerla, despierta nuestra obsesión de nuevo.

Es entonces cuando acudimos a nuestro ser racional, que dictamina tras un breve análisis que, en realidad, no ha pasado nada. Pero, de alguna manera, ya nada es como antes. Añoramos ese ser que dejamos por habernos robado, pero lo vemos reflejado en el espejo tras una noche de no dormir, dando vueltas en la cama y en nuestros pensamientos. Ahí está, mirándonos con cara de sueño y escondiéndose en algún recoveco de nuestra mente.

¿Qué hacer en esos momentos? He ahí la gran cuestión. Al menos he descubierto una cosa: debe ser cada uno el que la responda.

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