martes, 27 de marzo de 2012

Muerte en el sótano

Mientras sonaba el timbre del recreo, me dirigía a paso firme hacia el salón de actos, para comprobar si todo había quedado en orden tras la charla. En realidad ya había sonado el timbre e iba con algo de prisa, pero escrito como al principio queda como más dinámico, aunque al escribir esto ahora se rompe un poco el encanto. Bueno, suponga que no lo ha leído, amable lector.

Abro la puerta y me encierro para evitar que venga algún niño y se me cuele. Compruebo que todo ha quedado correctamente y me dirijo al sótano, a coger unos cables y cacharrear en un ordenador. Aparto los cables y elijo la cpu que cacharrearé. Una vez obtenido lo que quería, la reintegro a su sitio, en una estantería un poco endeble. Al acabar de colocarlo he debido desencadenar un pequeño terremoto en la misma, pues ha adoptado una posición un tanto pisaica, aunque en sentido inverso al que muestra la foto y con un ángulo bastante mayor. Ello ha hecho que se desplome por un lado un monitor de 14" de los de antes, con su tubo catódico y sus electrones, por un lado, quedando atrapado entre el segundo estante según se empieza por abajo y la estantería de al lado, algo más resistente.

Mi primera reacción ha sido sujetar la estantería, pues el peligro de desplome era más que evidente. He puesto mi mano derecha para evitar la caída de otro monitor, estratégicamente situado en lo alto de la estantería y, en ese momento, peligrosamente cerca de mi despelada cabeza, hecho preocupante ya que con algo más de pelo digo yo que una hipotética caída monitórica habría quedado algo más amortiguada. El caso es que he soltado un poco la mano y la estantería seguía tendiendo al suelo. Nunca pensé que la gravedad que tanto estudié en mis tiempos de instituto se volviera en mi contra. Pero así es la vida...

Al ver que seguía cayendo la estantería puse la mano. Al instante me cansé y puse la otra. Miré la hora y comprendí que así no podría estar mucho rato, pues faltaban 15 minutos para que acabara el recreo. Tampoco era posible quitar con una mano los monitores que pendían amenazadoramente encima de mi cabeza. Pensé en que estaba en uno de esos momentos en los que uno tiene que pedir ayuda. Así que puse mi neurona a trabajar.

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