domingo, 2 de octubre de 2011

Canciones

Llegué a casa como cada día, tras el trabajo y pasar por el supermercado para comprar la misma cena fría de cada noche. Subí la escalera revisando las facturas de rigor. Abrí la puerta y entré en casa. Dejé la cena en la mesa de la cocina. Me desnudé, puse la radio y entré en la ducha.

Al rato, tras el ruido del agua cayendo, advertí una combinación de notas que me resultaba familiar. Cerré el grifo y a mis oídos llegó aquella canción que sonaba cuando tú y yo, solos aquella noche en el salón de casa, bailábamos a la luz de las velas tras la cena en la hablamos solo con nuestras miradas, pues estábamos demasiado nerviosos para emplear palabras. Aún recuerdo mi mano rodeando tu cintura, tus manos sujetando dulcemente mi cuello y aquel beso que nos dimos con el que conseguimos parar el tiempo. Al menos nuestro alrededor.

Hoy tan solo me quedan esas pocas notas para recordarte y dos velas a medio consumir en un cajón de la cocina, que contiene aquél momento de nuestras vidas. La canción acaba y apenas me quedan fuerzas para abrir el grifo y seguir con mi ducha. Me invaden los recuerdos. No puedo luchar contra ellos.

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