Tarde de fotos. Hasta tirado en el suelo. Si es que cuando uno se mete en el papel...
o-o-o-o-o
Silencio en la noche. No hay nada en la tele, ni siquiera en el mundo feliz de las teletiendas. La bolsa ya cerró. Tan sólo estamos mi sillón, yo, y mis aparatos electrónicos. Es como si volviera a tiempo atrás, pero dándome cuenta de que lo que tanto echaba de menos no era para tanto. Que prefiero mi sencillo aburrimiento, mi aparente indolencias a las falsas promesas de vidas mejores. Porque, bien entendido, el amor empieza, y a veces acaba, en uno mismo.
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