Afortunadamente, el pajarillo, o pajarilla, ya vuela bien.
Y hasta nos pía.
Y mientras la gente pasaba, saliendo del dutifris cargados de bolsas con tabaco y licores, allí estábamos nosotros tres, haciéndonos nuestro bocadillo de jamón serrano denominación de origen de Teruel, marca Hacendado, por supuesto.
PD: Lástima que no hubo foto, aunque de haber, se recompensaría
No mires hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo, sino alrededor con atención.
J. Thurker.
La nostalgia es tan letal como peligrosa. Y nunca avisa la jodía.
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Los hospitales, aunque sean de estreno, mejor de acompañante y de consultas externas.
I was to have a relaxing cup of coffee at the Plaza Mayor de Valdepeñas when a camión del PP se puso a dar por culo con la campaña electoral.
Para no parecer solo cuando se está, nada mejor que ensuciar muchos platos a la hora de comer.
Hoy hemos constituido el tribunal. Junio es un alivio. Septiembre es un castigo. Pero todo el mundo merece una oportunidad.
Lo mejor de eso es, como sucede en tantas cosas, el después. He hecho compras de intendencia, compras de intendencia con vistas y ahora estoy aquí, gorroneando Internet al burrikin. Por cierto que he sido capaz de pedir sin equivocarme, cosa que no es fácil en estos restaurantes.
Soy el único que come solo. Me he venido a una esquina a observar a la gente. Da a la plazoleta que hay en el centro comercial, pero en vez de eso me he dedicado a deleitarme, dentro de un orden, en el menú. Y aquí estoy, haciendo hora mientras posteo, oigo a la señora que tengo enfrente y que se parece sospechosamente a la cerdita Peggy y, ahora que he acabado de comer, observo la gente pasar.
Que de observar sí que se aprende.
Hoy me fío menos que ayer, pero más que mañana.
No se si es que se ha acabado la crisis o que la población de Rodrígueces en las ciudades aumenta, pero en las radios no paran de anunciar puticlubs.
A las personas que hablamos solas nos molesta terriblemente oír a otras personas que hablan solas.
Que hoy, día 6 de agosto de 2014, a las 14:20 horas y ante el correspondiente notario colegiado, he otorgado testamento.
Y justo cuando estaba todo a su gusto, se dio cuenta que era hora de acostarse.
Y al igual que la sangre se bajaba en el primero, el wifi se va a las diez.
Parado en la curva se oye el silencio, solo roto por las abejas, los trinos de los pájaros y los crujidos del quitamiedos al ir bajando, poco a poco, la temperatura.
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Más me valiera que dejara de preguntarme los porqués y asumiera la vida tal cual es.
Son momentos que siempre se recuerdan, el dónde estabas y con quién cuando paso tal o cual cosa. El 11-M me pilló entre sábanas y esto, hablando con mis jefes.
Aunque me propuse no hablar nunca de política en el blog, porque se supone que esto es un diario personal, no me resisto a decir un par de cosas. A meterme en camisa de once varas que se llama.
La primera cosa es que, de haberse ido, lo tendría que haber hecho ya. Una vez medianamente consolidado el hijo y su periodístico matrimonio. Nos habríamos ahorrado Corinas y elefantes. O, al menos, no se hubiera notado tanto.
La segunda cosa, pero relacionada con la anterior. De haberse ido antes, el panorama que le hubiera dejado a su vástago no hubiera sido tan desolador, con un partido en el gobierno en las nubes de su idiocia, con una oposición gobernante hecha unos zorros y con una amalgama de partidos que están en contra de todo, cosa que está muy bien, pero a la que no se le conocen propuestas medianamente coherentes, cosa que está muy mal. Haber sufrido la crisis con la clase media y haber salido de ella habría sido algo al estilo de Isabel II cuando la II Guerra Mundial. Y un país a punto de romperse y sin nadie que lo quiera defender, ni nadie que aplique la ley.
Y luego está el toque pintoresco republicano. Tenemos lo que tenemos porque viene de donde viene. Y es que, en perspectiva, tampoco hace tanto que Franco se murió, en su cama para más señas. Y, a pesar de la Transición, de las distintas alternancias y cambios de gobierno y el desarrollo del estado automónico, pareciera que todavía estamos en las mismas, en un país que sigue anclado en el pasado, en las discusiones de quítate tu para ponerme yo. Habría que ver que pasaría si el Jefe del Estado fuera de un partido. Lo íbamos a flipar con lo que serían capaces de hacer por el hecho de ser legitimados por las urnas. Como ahora, pero avalado por la ciudadanía. Un Jefe de Estado, a mi juicio, debería ser alguien imparcial, neutral. Llámese rey o presidente. Pero elegido por sus virtudes, no por carnet o sangre. Y sin inmunizar, por favor.
Veamos como evoluciona la cosa. Por lo menos, durante un día, no han hablado del mundial. Lo que es de agradecer.
La noche que murió el bipartidismo. O como de aquí a dos años a España no la gobierna ni la madre que la parió.
El Madrid gana la copa de Europa. Aquí, que no llueve nunca, se pone a diluviar. Y, el edredón que esta mañana quité, esta noche lo tengo que volver a poner.
Llegará el momento en el que nuestros discentes, tras pegar el cambiazo, se quejen de que no obtienen la máxima calificación del docente.
Ah, que ya llegó.
De como, en el primer acto, barajé la posibilidad de comprarme, a pesar de mi modesto sueldo a cargo de los PGE, un cepillo a pilas.
De como, en el segundo acto, un coco rubio de apenas 50 centímetros espurreó las tarjetas y documentación de su madre en la zona de pastillas de barbacoa.
Y el edredón, sin estar enfado pero con una sonrisa socarrona, volvió a su sitio, encima de mi colcha de piqué.
Ya está instalada. O, más bien, abierta. Mientras yo daba los últimos golpes con la azada los albañiles, con un primor contrario al esperado, fueron agrandando ese pequeña mirilla hasta convertirla en un rectángulo, perfectamente trazado, rompiendo la uniformidad de la pared, a medio pintar por el almez que hasta hace poco la tapaba.
A fin de cuentas y cayendo en tópicos y frases célebres, un pequeño picotazo para un albañil se convirtió en una gran ventana, una ventana que da luz a un anhelo, convenientemente ahogado por cuarenta años de noes primero e indiferencias después.
Reivindicaciones con razón. Hechos que ahora producen sentimientos de rabia, aunque a mi eso me resulte bastante curioso. El, los, que quiso vivir incómodo no debió morir infeliz. O al menos siempre fue inocente.
Aunque lo mejor de todo es que para poner fin a cuarenta años de desidia una familia se haya tenido que extinguir. Y, pensándolo un poco, eso dice mucho. Tanto de los vivos como de los muertos.