miércoles, 19 de octubre de 2011

Miradas

En una habitación con mucha gente habla una voz sobre algo que ya conozco. Sigo el discurso de forma intermitente, por si me preguntaran salpicao. Me da vergüenza hacer otra cosa que no sea oír. Pero es entonces cuando recuerdo que el Señor me dio otros sentidos y decido usarlos. Mientras la voz sigue desgranando cosas mis ojos bailan como una mota de polvo en el aire de la habitación. Solo hay una regla, evitar chocar con otros traviesos ojos que hagan lo mismo. Ahora que lo pienso, muy posiblemente será eso por lo que no ligo.

Mientras mis ojos se mueven ven muchas cosas. Gente que mira hacia arriba, gente que habla en voz baja. Pero, sobre todo, miradas. Miradas que lo dicen todo. Ojos que se agrandan según quien los mire, que se vuelven vidriosos por la emoción y que me emocionan a mi de paso.

También hay gente que está en lo suyo. Gente que adelanta trabajo. Que pone cara rara o que pone cara de estar confeccionando mentalmente la lista de la compra. Busco ojos conocidos y a veces me cruzo con ellos y otras veces no. No me importa en ese caso mantener la mirada, porque siempre me dicen algo antes de volver a seguir mirando. Gente que pone cara de preguntar. Gente que, generalmente, no mira.

Y así sigo hasta que la voz deja de hablar, y mis ojos dejan de mirar. No tardarán mucho en empezar de nuevo.

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