viernes, 7 de octubre de 2011

Siete de octubre

Hace tiempo que te sueño, pero hoy creí verte entre la gente. Al principio no te reconocía, pero tu cara me empezó a sonar. Seguro que pasé por tu lado más veces y ni me di cuenta, pero hoy me dijiste algo, mi corazón se sobresaltó y nuestras miradas se cruzaron. Apenas nos detuvimos a charlar, pues yo tenía prisa, y cada uno seguimos por nuestro lado. Tu quieta en tu sitio, yo en mis cosas de siempre que casi nunca son mías.

Pero mi corazón estaba hoy abierto a ti. Vagué por la calle con tu imagen en mi mente intentando distraerme, pero no lo conseguía. Estabas ya tan dentro de mí que tenía que hacerte mía. Pero me faltaba el valor para volver a verte, echar la rodilla a tierra, cogerte de la mano y decirte que te quería.

Algo en mi corazón cambió. Sabía que, desde nuestro encuentro de hoy, nuestras vidas se acabarían cruzando para siempre. O al menos mientras quieras quererme y yo quiera quererte. Así que me armé de valor y, con las piernas temblando y el corazón en un puño volví a tu casa y dije que te quería. Tu apenas dijiste nada. Lo sabías. Sabías que mi corazón es tuyo, desde el primer momento en que nos soñamos hace ya tanto tiempo. Y con un sonido imperceptible me dijiste, mirándome con dulzura a los ojos, lo que yo ya sabía.

Siempre me pregunté como sería este día. Y ya sé la respuesta. Justamente como lo imaginé.

Bienvenida a mi vida. Espero hacerte tan feliz como ya me has hecho tu a mi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada