viernes, 14 de octubre de 2011

Permítanme que me presente

Soy un aifon 4. Vivo en el expositor de una gran superficie. Mi vida, aunque parezca mentira, no es fácil. A mi no me gusta que me toqueteen, porque ¿a que a nadie le gusta que le hagan cosas raras con los dedos o le den un dedazo en toda la cara? Pues a mí tampoco, que una cosa es ser táctil y otra que te den mamporros. Tampoco me entusiasma que me digan que me van a comprar y que luego no me compren. Más que nada porque nunca me voy con nadie, siempre sacan del armarito congéneres metidos en sus cajas que jamás han funcionado antes. ¡Con lo que me gustaría a mi ver mundo y sacar fotos! El caso es que siempre estoy en mi sitio, a punto y funcionando, ayudando a la compañía que me creó a ganar dinero. Podría decirse que soy un currito, un trabajador que cada día se gana su jornal con la más absoluta discreción. Porque si yo hablara de las lagartas de las comerciales que no hacen más que tirarle los tejos al gerente para que las ponga en las cajas o del segurata que se infla a pastelillos todas las noches seguro que me salía una turné por los programas esos de la tele y me retiraba en Sílicon Valey a vivir la vida loca y entonces la gente se iba a ir a tocar a su puta madre. Pero esa no es la cuestión hoy.

El caso es que me siento triste. En mi privilegiada esquinita de entrada al supermercado era la admiración de todo el mundo. Recuerdo el día que me colocaron allí. La gente hacía cola para verme, se maravillaba por mis prodigios. Los demás teléfonos sentían una pelusilla fácilmente descriptible y me miraban con odio. Recuerdo que había un Jarcatel que no me podía ni ver. Hasta los Konia me miraban mal. Yo me sentía lo más de lo más en esa situación. Y pudiendo ser un capullo, hablaba con ellos, hasta que conseguí que me admitieran tal como soy. Hablábamos de nuestras cosas, nos mandábamos mensajes, nos escondíamos el gprs, en fin, las típicas bromas entre nosotros. Pero un día un modem usb me dijo: "Algún día se pasará tu gloria" Pero yo no le creí y seguí viviendo un espejismo de vida, gracias a una aplicación que tengo y que la verdad es que es muy práctica, aunque luego te la pegues contra la realidad.

Desde hace unos días la gente ya no me admira cuando va a comprar chopped. Las familias, que antes se paraban ante mí gracias a que sus niños les llamaban, se van directas a otras cosas. Extrañado, puse mi micrófono al máximo volumen para escuchar a las pelandruscas que me venden. Por lo visto han sacado un aifon 4s. Pero ¿cómo va a ser s si soy yo? Desde entonces no hace falta que me carguen, me da miedo apagarme por si ya nadie me enciende más. Ayer un señor se llevó a todos mis hermanos metidos en una caja. Intenté sacarle una foto y denunciarlo a la Policía, pero como estoy fijo no me pude dar la vuelta y mi cámara delantera es tan mala... en fin, que me temo lo peor. Y tiene que ser verdad porque la gente pregunta por el aifon 4s. Y me dan ganas de levantar la mano y decir "¡Aquí! ¡Aquí! Soy yo" Pero antes de que intente hacer nada me dicen que no, que yo no soy s. Si tuviera una aplicación para llorar amargamente lo haría. Pero entonces me mojaría y me podría estropear. Mira, eso está bien pensado...

Desde entonces mi vida está vacía. Tan solo cuento los días que quedan para mi amargo final, cuando un señor me quite de mi estante y ponga a otro. Al menos espero que sea más guapo que yo, más esbelto, con más pantalla. En fin, alguien que me mejore en todo, mejorando lo presente aunque pueda sonar redundante... Yo lo único que les quisiera de pedir, si han leído todo esto, es que si van a un Carreflús o un Almonte o un Escrote Inglés se despidan de aquellos compañeros míos que les han hecho disfrutar durante un ratito pensando "Yo algún día tendré un aifon" y les hagan alguna carantoña antes de que pasen al olvido.

Ríndanles un pequeño homenaje. Se lo merecen.

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