domingo, 27 de octubre de 2013

Domingo

Como dijo Cela, no es lo mismo estar anochecido que estar anocheciendo. Que la noche te sorprenda conduciendo, a mitad o casi llegando a tu destino es como cuando te tapas con el edredón en una fría noche de invierno. Sabes que, pase lo que pase, estarás calentito.

Salir de noche resulta antipático, como cuando te levantas por la noche a hacer pis o beber agua. No te queda más que salir de la seguridad de tu cama, a salvo de monstruos y señores con saco, para saciar ese impulso que no puedes reprimir más.

Al principio, las luces de la ciudad te acompañan, como cuando tu madre se queda en la puerta viendo tu partida inexorable. Pero, poco a poco, te abandonan y te quedas solo ante el asfalto y las estrellas. A veces, con suerte, la luna te alumbra y acompaña, vigilándote desde el cielo. Pero si aún no ha salido o está en su semana de descanso no queda otra que apañarte con tus faros. Y los de tus vecinos, sobre todo si son de xenón.

Hemos vuelto a la noche. Con las señales, cambiadas hace no mucho, que te deslumbran si vas con las largas. A la música que acompaña, Dios bendiga al que creó la reproducción aleatoria, justo en el momento adecuado. Así nos tocará estar una temporada, hasta que la Navidad nos dé una tregua y minutos extra, como con los móviles.

Disfrutemos de lo que toca. Y de sus inesperadas consecuencias.

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