Estaba llegando a la casa, casi al final de mi recorrido. Hoy veía solo a uno. Al ver que me acercaba se puso en pie. Pero faltaba su compañero. Volvió la cabeza para buscarlo, para intentar llamarlo, pero no estaba.
En ese momento llegaba a la casa. Sin saber qué hacer levantó la cabeza y se puso a ladrar hasta que pasé la casa. Fue un ladrido breve pero convincente.
Por lo menos él había cumplido a los ojos correspondientes...
lunes, 21 de marzo de 2011
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