martes, 12 de noviembre de 2013

Nius of the güorld

Hier.

Obsérvese la cara de satisfacción del objeto y sujeto, respectivamente, de la acción.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Lunes

Tarde de contingencia y andurreo. Muy bien aprovechado todo, por cierto.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Aeropuertos

Otra vez más me hallo en uno de ellos. Coqueto y sin demasiados pasajeros, aunque los que hay son ruidosos. Es curioso porque en aeropuertos más grandes con más gente el ambiente es más lúgubre.

No he comido. Entre tener que comer y salir pitando con el bocado en la boca y tener que salir pitando con el bocado en la boca he elegido la segunda opción que, en principio, presenta la ventaja de que no tengo que hacer la comida. Hay que espabilarse, que si no, se lo comen a uno.

Eso incluye lo de la jugada de los números de teléfono. Reconozco que ha sido ingeniosa, pero no me tomes el pelo más de lo que yo te deje.

El avión llega a tiempo. Dos minutos antes, parece. De todas formas, hasta las cinco no como. Al lado se me han aposentado unos ingleses que comen pipas. A ver cuando una ley como la del tabaco. Para eso para la gente que hace ruído en los aeropuertos.

Casi sin darme cuenta el avión ha llegado, pero sin los dos minutos de adelanto. Ahora toca el tiempo de descuento, que es la espera y reencuentro con la maleta, momento emocionante donde los haiga. Me iré a la puerta, pues. Prepararé la lágrima.

sábado, 9 de noviembre de 2013

La Alhambra

Traspasé la puerta de los coches, junto con un taxi. Había gente por todas partes. Riadas  podría decirse. La mañana acompañaba, pues la única nube que había era una en forma de pluma, blanca, que rompía la monotonía del cielo. Me escurría, como buenamente podía, entre los grupos de turistas, unos organizados y otros menos, con destino a la Iglesia. Santa María de la Alhambra, patrona de este recinto que es Granada pero que, a la vez, no lo es. Allí vive y baja una vez al año a Granada, atravesando el bosque de la Alhambra. No deja de ser curioso que la Madre de las Angustias, patrona de Granada, sólo pueda ser vista en su imponente trono por los recovecos del recinto por los invitados que sus hermanos consideren oportunos. Y, aunque todos seamos hijos de Dios, algunos parece que lo son más que otros.


Salí de la Iglesia, que apenas recordaba, camino del palacio de Carlos V. Me acordé de mi amigo Antonio, que decía que era un "exento", por montarse el chiringuito donde los Reyes Moros que sus Católicas majestades expulsaron. El edificio es imponente, tanto en su estilo como en su acústica, y es el origen de edificios recientes algo menos afortunados. Al menos, eso dicen los expertos.



Una gran cola de gente esperaba para entrar en los Palacios nazaríes. Ahora nos los racionan, pero no hace mucho aquí vivían forajidos y demás gente de mal vivir, dicho así en general y sin que se nos ofenda nadie. Como en el barrio de enfrente, antes nido de pobres y ahora parque temático a disposición de las perrerías de la actual corporación municipal, con su discreto alcalde a la cabeza. Me asomo entre las almenas a ver mi casa y tardé bastante. Pensaba que era más fácil de localizar, pero debo tener el gps un poco averiados. Lo que sí me llegan son los ecos de los tambores de la actuación de turno en el mirador de San Nicolás, un sitio al que no iba nadie hasta que a Clinton se le ocurrió recalar aquí. 

Algunos gatos merodean entre la gente, en la plazoleta cercana a la Puerta del Vino. Han debido hacer unos aseos, porque hay cola. Y me viene a la memoria la foto de un primo, que vino a hacerse el reportaje aquí. Tiene una foto muy cuca con la mujer, todavía enfundada en su traje de novia y en su ilusión. Al menos eso suponía. Una señora argentina teledirige a su hija para un pequeño refrigerio. Discuten sobre las propiedades del Aquarius y la Coca Cola de cara al turismo. Hablo solo y, a pesar de ello, la señora, sentada en un escalón, no sale huyendo. Hay un gato que bebe indiferente al interés que atrae.


Salgo por la puerta de la Justicia hacia el bosque, camino del Carmen de los Mártires. No veo la llave y la mano. Han puesto un andamio. Las eternas obras.





viernes, 8 de noviembre de 2013

Viernes

A veces viene bien traicionarse un poco. Dejarse pisar creyendo buscar un ideal, un algo mejor, aunque siempre sin perder una pizca de desconfianza que, al igual que a los héroes de la antigüedad, nos hace seguir sintiéndonos mortales.

En principio uno se cree feliz. Pero la felicidad es algo efímero, como el agua entre las manos. Y los detalles menos buenos o desagradables comienzan a surgir, primero como pintas verdes en el renacido suelo tras las primeras lluvias del otoño. Y, luego, como la mala hierba que crece y que puedes arrancar si quieres, pero que deja su semilla por mucho tiempo.

Surgen los porqués, como ese jardinero que no sabe por donde empezar. Hasta que, al final, comprende cuál es la única solución y la aplica. Arrasa y escuece. Pero cura.

Y entonces uno recuerda el antes. Y el antes del antes. De toda esta crisis que ya va para el año y que ya hay que dejar atrás sea como sea. Porque lo malo ya pasó y ya vendrá de nuevo cuando le toque.

Señoras que... II

Van al médico y están mu malamente.

Señoras que...

Te preguntan a qué hora te toca el médico para que no te cueles.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Dos dias

Ayer, hazte doscientos kilómetros para que pasen de ti. Hoy, charla impactante y libro de vacas acabado. Ya, felizmente en el himalaya.

La vida comienza a tener sentido de nuevo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

El bosque de la Alhambra

Tocaba ya salir de allí. Esta vez, el guardia sí me hizo esperar. Los coches subían, ordenadamente, hacia el cementerio, como una procesión de colores que pasaban sin pausa. Bajé de nuevo por el parking, con árboles en vez de cubiertas.



Algo menos de bullicio en donde las entradas. Sería quizá por la hora. Y ningún autobús de turistas cargando o descargado. El mismo vendedor de los parasoles, usando su cabeza como escaparate. Llegué hasta la barrera que custodia la entrada al recinto alhambreño. No hace mucho se podía pasar por ahí, siempre que conocieras el camino adecuado. Y, además, en un momento se llegaba a casa. Unos turistas franceses llegan en su coche. Quieren entrar hasta el parador. El guardia les indica, pero llama por radio a su compañero, porque no se fía de la pericia del conductor. Tras apuntar la matrícula, les abre la barrera. Los taxistas tienen más suerte, tienen apertura automática tras reconocer la placa.



A pesar de haber acera decido ir por donde los coches. Quiero ver amarillo en las hojas, pero me tengo que conformar con un verde algo mustio. No se puede tener luz y color. Hay que elegir. Quedan a la derecha viejos hoteles abandonados, algunos edificios que ya no se usan. Se deberían cuidar esos detalles en un sitio como este.

A pesar de la época del año, apenas hace calor. Incluso aquí, donde siempre hace algo más de fresco. La rebeca de hilo está en su punto justo. Abriga, pero sin molestar.




Tomo el desvío de la izquierda, en donde está la cascada, y entro por la puerta de los coches que, si bien es la menos espectacular, sí es la más práctica. Además, siempre hay que ir de menos a mas



Antes de irse a dormir

Creí que se había roto la lavadora. Y resultó que elegí mal el programa.

domingo, 3 de noviembre de 2013

El cementerio II

Sigo mi ruta. La masa me devuelve un poco a la realidad y me pongo en camino a la cripta familiar, donde habitan muertos que son nuestros, pero tampoco tanto. Me sorprende ver que van a hacer un festival de música y danza. La pena es que los espectadores más numerosos no lo van a agradecer. Ni valorar.

Sigo camino del jardín de las cenizas. Allí está mi tío. Bueno, solo una placa, porque la urna y sus cenizas ya formarán parte de un árbol. Justo lo que hubiera querido. Me doy cuenta de que, de lo alto de los bloque de los nichos cuelgan cuerdas de seguridad. Familias enteras miran mientras los empleados limpian las tumbas y suben las flores. Gente, mucha gente.

Llego a mi destino. Rezo de nuevo. Veo que han puesto un mirador, el del agua. Lo que me gusta del cementerio es la gran cantidad de rincones agradables que hay. Es, aunque resulte raro, acogedor. Veo la ciudad a mis pies, desperezándose poco a poco en un día festivo. La bruma de la contaminación empieza a destacarse sobre el vivo azul de la mañana de noviembre. A pesar de las hermosas vistas de la sierra, decido no verlas. Y bajo, por entre las tumbas de las congregaciones religiosas, buscando la ruta de salida.

Bajo, como es costumbre, por el lateral derecho. Sigue el bullicio de gente que entra. Un par de amigas, curiosas, ven el espectáculo. Yo soy, a la vez, espectador y participante.

La animación sigue en la puerta. El autobús maniobra para poder salir, entre el río de coches que hay en la puerta. Los árboles ya tienen el amarillo del otoño que se resiste a llegar.


El cementerio

Sigo la ascensión por entre el parking de la Alhambra. Ni siquiera ataviado con la cámara consigo hacerme interesante para los captadores de turistas. Ni me venden un parasol ni me invitan al bus turístico. Me falta llevar la cara de despistado.

Hay un señor en la máquina que expide los tickets del parking. Hay coches por todas partes. Algunos son de turistas. Otros, de nativos que suben al cementerio. Pienso que elegí mal día para subir a recordar a mis muertos. Curiosamente, tengo más vínculos con el más allá que con el más acá. Eso debería hacerme pensar.

Riadas de gente que bajan. He superado el último paso de peatones antes de entrar en la manzana del cementerio. El agente municipal, al que si silbato hace gallos, apenas me hizo esperar. La gente baja en sus conversaciones. Una señora alecciona a su hijo: hay que dar limosna a los pobres de aquí, no a los foráneos. Lo dice en alusión a un chico negro que pide más arriba. Forma parte de una colección que, estratégicamente, cubre las calles de la ciudad. Todos con el mismo vaso. Todos con el mismo timbre de voz. Sigo esos pensamientos cuando un señor, con escalera en mano derecha y móvil en izquierda habla sobre un conocido, interesándose por el tipo de condena que cumple en la cárcel.

La entrada al cementerio parece un centro comercial. Los puestos de flores rebosan mercancía y clientes, en una cola perfectamente formada para lo que suele ser la tierra. Gente que pide, que vende cupones. Una animación impropia del lugar pero entendible por la fecha. Mi arrepentimiento por haber subido crece.

Como el pasillo central parece una romería, decido dar una vuelta por el lateral de los primeros patios, más libres de gente. Además, son impresionantes. Aunque la muerte nos iguale, hay quien se empeña en que su paso al más allá conste de más metros cuadrados. Hay que dejar constancia de que hubo clase. O, al menos, dinero. Bien es cierto que hay monumentos realmente impresionantes, pero otros son de un gusto un poco, digamos, dudoso. No sé si se trataría de un último esfuerzo, por parte de la familia, por revivir al finado.

Veo de lejos al Señor del Cementerio. En verano, cuando subía, apenas había gente y puedes parar a verlo. Pero hoy el motivo de mi visita es otro. Vuelvo al pasillo central. Paso por los jardines de los columbarios, donde las fuentes de agua mansa que apenas ahogan el ruido de los motores. Pienso que ahí pude haber descansado, pero al final elegimos la seguridad del ser gregario. Me acerco a mi columbario, en la pared. La m del nombre no ha quedado muy allá, pero es lo de menos. Siguen las mismas flores, pero con frescor distinto. Quizá debí haber comprado alguna, pero las contrahechas son horribles y dudo que me vendieran tres claveles. Son muy estrictos en la decoración en esa zona.

Rezo. Me emociono.

La buena gente



Más, aquí.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Nota mental

Hacer siempre mi voluntad.

Todos los Santos

Me levanté y desayuné. Decidí comenzar mi inesperado cambio de planes reeditando una ruta que ya comenté aquí alguna otra vez y que tengo que decir que me encanta.

Salí de casa abrigado, demasiado, camino de la Cuesta de los Chinos. No recordaba lo dura que es esa subida, a pesar de que nada más cruzar el puente y doblar la esquina ya se divisa la Torre de Comares. Mañana de cielo azul, sin apenas nubes. El Darro nos proporcionaba frescor, pero sólo mientras cruzas el puente. Unos señores mayores, un matrimonio que pasea, comenta que era antes por ahí por donde subían a los difuntos.



La cuesta fue restaurada hace poco. Así lo atestiguan los carteles que la adornan. Recuerdo la última vez que subí, años atrás, y me esfuerzo por encontrar las diferencias. Precisamente, aquella mañana salían las notas de las oposiciones.

Al poco de abandonar la pared, llego a donde el agua comienza a cantar, en el lateral de la Alhambra. Hay una gran cascada, de la que se surte toda la acequia que va al Darro, un poco más arriba de donde se encuentra el acceso secreto al Generalife, aquél que usaba el rey moro para entrar en él. Un gran tapiz de hojas rojas, rojo otoño, en la pared opuesta.



La gente pasea, se hace fotos en los rincones ocultos. Hasta aquí nos ha llegado el turismo.


Es un lugar mágico, a pesar de ser transitado. Cada uno parece envuelto en su propia atmósfera, en su propio universo. Al final, la cuesta se suaviza y se llega a las Chirimías, pasando bajo los puentes que, desde la Alhambra, dan acceso a los jardines del Generalife. La entrada de los mortales.


Aún queda otro trecho para llegar a mi destino, el cementerio. Los autobuses vomitan gente, que acude rauda a las taquillas a obtener sus entradas. Me cambio de acera. Los árboles apuntan al cielo, mostrando respeto a los muertos en este día. Un perfecto recorte. Una silueta sobre fondo azul.


jueves, 31 de octubre de 2013

Atardecer

El Sol por un lado. Por el otro, lúnulas de color encarnado. Y, luego, azul pálido a negro de noche.

En Baza. Sobre las seis.

Inmarceser

Lo contrario de chuchurrir.

Emeférides

Hoy, 31 de octubre, mismamén, Día Internacional del Blog.

Esperaremos, sí



Que pase el tiempo. El curso, por ejemplo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Miércoles

Día de reuniones infinitas. Afortunadamente, han sido aprovechadas y no excesivamente intensas, cosa que se agradece. Aunque haya tocado hablar, quizá en exceso.

o-o-o-o-o

Apagones. Nos pillan en la escuela, con ese kamasutra que resultan ser a veces las posiciones de la guitarra. Nos vamos camino de casa, abriédonos paso entre un bulevar negro, como si flotáramos en la nada. La oscuridad la rompen, en parte, los coches con sus luces. Sin embargo, en la parte alta del pueblo hay luz. E Internet. Pero no hay tele.

El silencio en la noche

El discreto encanto de oír mear al vecino, mientras discute con su pareja y se zanja la cuestión tirando de la cadena.

martes, 29 de octubre de 2013

Martes

Hay veces en que me siento a observar, como fuera del mundo. Desde mi posición veo las palabras volar, de un sitio a otro, frenéticas, rápidas. Veo las cabezas moverse. Tan solo falta el marco y el mando a distancia.

Quizá sea una forma de protegerme de la realidad, salirse de ella, ver como un espectador aquello que pasa cerca de mi, que en cierto modo me afecta, pero hacer que no. Convertir ese reproche de la mañana en la fuerza que te impulsa a seguir con la decisión que has tomado. Y que, por unas horas, te saca fuera del mundo.

Martes mañana

Venía yo tan feliz, por la orilla de la playa, cuando una ola me pegó un revolcón inesperado. Conclusión: No te fíes de las agua mansas. Ni de las bravas. De ningunas.

o-o-o-o-o

Parco en despedidas, parco en amaneceres.

o-o-o-o-o

A veces me da miedo cuando la puerta es llamada, cuando un "¿Se puede?" llega a mis oídos. Señor, qué nueva catástrofe ahora.

o-o-o-o-o

Ya llegó la invasión de todos los años, por la misma fecha más o menos. El eterno retorno, once more.

lunes, 28 de octubre de 2013

Y otras cosas

La inutilidad de calentar la sopa para que tener que esperar a que se enfríe para podérsela tomar.

domingo, 27 de octubre de 2013

Domingo

Como dijo Cela, no es lo mismo estar anochecido que estar anocheciendo. Que la noche te sorprenda conduciendo, a mitad o casi llegando a tu destino es como cuando te tapas con el edredón en una fría noche de invierno. Sabes que, pase lo que pase, estarás calentito.

Salir de noche resulta antipático, como cuando te levantas por la noche a hacer pis o beber agua. No te queda más que salir de la seguridad de tu cama, a salvo de monstruos y señores con saco, para saciar ese impulso que no puedes reprimir más.

Al principio, las luces de la ciudad te acompañan, como cuando tu madre se queda en la puerta viendo tu partida inexorable. Pero, poco a poco, te abandonan y te quedas solo ante el asfalto y las estrellas. A veces, con suerte, la luna te alumbra y acompaña, vigilándote desde el cielo. Pero si aún no ha salido o está en su semana de descanso no queda otra que apañarte con tus faros. Y los de tus vecinos, sobre todo si son de xenón.

Hemos vuelto a la noche. Con las señales, cambiadas hace no mucho, que te deslumbran si vas con las largas. A la música que acompaña, Dios bendiga al que creó la reproducción aleatoria, justo en el momento adecuado. Así nos tocará estar una temporada, hasta que la Navidad nos dé una tregua y minutos extra, como con los móviles.

Disfrutemos de lo que toca. Y de sus inesperadas consecuencias.

La noche del tocamiento

Del tocamiento de manecillas, se entiende.

Esto de que cada dos veces al año nos cambien la hora me sigue pareciendo como algo preconstitucional, como una tradición decimonónica y ñoña que ha permanecido hasta nuestros días, como lo de cortejar a las damas o dar los buenos días haciendo una reverencia y levantando el sombrero. Pero en fin, es algo que está ahí y que forma parte del ritual del invierno, a pesar de que le frío no llegue. Y es que no me recuerdo en noviembre y vistiendo manga corta en la noche de Granada.

Pero tampoco hay que quejarse. No está de más que, al menos una noche al año, nos dejen dormir una hora más. Porque los partidarios de la cama para descansar, entre los cuales me incluyo, estaríamos dispuestos no sólo a pasar una hora más al año, sino una hora más a la semana si fuera necesario. Todo sea por el ahorro energético. Si es que es tiempo de sacrificios...

viernes, 25 de octubre de 2013

Otoño

Es morir un poquito.

Futbolística

Al final, el tiro fue al larguero. De momento.

jueves, 24 de octubre de 2013

Jueves

La semana ha cumplido su cometido. Ha sido una semana rara, entre huelgas que he aprovechado para hacer papeles, que tiene webs también, y corregir cosas para ponerme al día. La cosa es distraer las tentaciones y procurar no pensar mucho, que a la larga es lo mejor.

No me gustan las huelgas. La única vez que fui a una fue gracias a una revolucionaria compañera, en quinto de carrera, que nos llevó a protestar contra el CAP de dos años y al final acabamos protestando por otra cosa. Gobernaba Aznar y tocaba protestar. Aún recuerdo cómo se vino arriba al ver a dos compañeros, mi querido J. M. y un servidor, de tal forma que se puso a gritar "¡Vamos compañeros!" en  medio de la Gran Vía, relativamente llena de gente. En ese momento el entonces compañero de sufrimientos y yo nos miramos y nos lo dijimos todo. Luego vino lo de su novia fallida, pero eso es otra historia relativamente divertida que no viene al caso.

El caso es que quizá con tanta huelga se desvirtúe el sentido de la misma. No se si es lógico que protesten aquellos a los que les corriges exámenes y ves los mismos fallos que ya has corregido antes hasta la saciedad.

En resumidas cuentas, que el problema ni quieren arreglarlo ni, posiblemente, tenga arreglo.

martes, 22 de octubre de 2013

Los imponderables

No deja de tener gracia que llueva siempre que tiendo.

o-o-o-o-o

Como se den cuenta de que con huelga o sin ella los resultados son los mismos...

Como en los viejos tiempos II

domingo, 20 de octubre de 2013

Onírica

A veces puedo volar.

Como en los viejos tiempos

Domingo

El banco de la verdad

Parece que no ha pasado el tiempo, ni ningún acontecimiento extraordinario. En este banco, en el que siempre escribo al subir a Laroya, todo permanece igual, salvo por los colores de la estación que toque, amarillos y ocres. Aunque todavía se ve mucho verde.

Antes no podía postear directamente desde este banco, pero tenía a mi padre. Hoy hace siete meses que lo perdimos.

El cielo está nublado. Subiendo, las nubes eran suaves pinceladas grises y blancas, como de algodón ligeramente impregnado. El sol dibuja un círculo difuso, allá por donde se mueve, como si quisiera dejarnos descansar.

He subido oyendo música. Por un momento me he quitado los auriculares y el silencio sólo era roto por pájaros a lo lejos. Al igual que en esta plaza. Alguna conversación de gente recién llegada a ver, por aquello del afán conquistador del ser humano unido al tiempo libre de los domingos. Algo hay que hacer con el ocio. A fin de cuentas mañana será lunes de nuevo.

Tiene este fin de semana aroma a despedida. Es tan sólo una sensación. Nunca se va uno de los sitios, siempre quedan ahí para volver cuando quiera. Aunque ya nada sea lo mismo.

Cencerros a lo lejos. Zumbidos de avispa también a lo lejos.  Domingo en mi banco. Como antes. Como si nada hubiera pasado.

sábado, 19 de octubre de 2013

A pasado

Que digo yo que si no estaremos como al principio.

Pero con unos años más, claro.

A presente

En los pueblos de interior no se quedan durante los fines de semana ni sus propios habitantes. Sólo los que huimos de tantas y tantas cosas.

A futuro

No hay que olvidar que la fruta madura cae por su propio peso.

viernes, 18 de octubre de 2013

Fútbol y política

Mejoraremos, porque no se puede jugar peor.

jueves, 17 de octubre de 2013

Docencia

¿Se le puede preguntar a un alumno de tercero de la ESO cuánto es 18 elevado a 6?

miércoles, 16 de octubre de 2013

Tesis doctorales

Los tonos de espera y el usuario llamado. Vete haciendo una idea.

Post

Ese mágico momento del mediodía en el que, al despertar, no se sabe si es de día o de noche.

martes, 15 de octubre de 2013

Las cookies

Hay cosas en las que uno, por ser un navegador impulsivo y compulsivo, no se fija. Pero, al final, de ser tan presentes, se hacen de notar.

Me refiero a las cookies. En realidad no son de pasta ni alimentan, pero se quedan ahí en tu ordenador, dando pistas de por dónde se navega. Y, por aquello de que la confianza da asco, al final te acaban recomendando de todo.

La primera vez que me dio por pensar en su existencia fue tras un viaje. Veía que la publicidad no paraba de recomendarme viajes a Madrid. Luego, a Londres. Y, por último, a París. Apenas le di importancia hasta que recordé que esa fue la secuencia de viajes que hice, salvo uno en el que le fui infiel a la red. Ahí empecé a sospechar de que quizá debería tener cuidado con ellas.

Posteriormente me comenzó a recomendar móviles. Justo cuando me estaba cambiando de aparato y de compañía. Y luego me empezó a sugerir ropa, complementos, calzado, lecturas... En fin, que nos bajamos las series de Internet huyendo de la publicidad y ahí la tenemos, a golpe de click.

Menos mal que uno solamente se mete en sitios decentes, que si no... Bueno, para eso está el modo incógnito. ¿O no?

domingo, 13 de octubre de 2013

Domingo

Quisiera saber de la verdad absoluta, es misteriosa esquiva, para que me iluminara en mis tribulaciones. Nada escapa al reino de los sentidos, de las impresiones, de la realidad que engaña con sus miradas y sus ideas. Con los olvidos de las conversaciones ya pasadas. Con el ajetreo y la prisa de vivir el día a día lo urgente, olvidando lo importante.

Ante las encrucijadas, las señales no son buenas compañeras si no se sabe a dónde se va. ¿En qué lugar encontraremos la verdad? ¿Qué camino hemos de seguir? Es en ese microcosmos donde se experimenta la verdadera esencia del ser humano, su soledad ante el camino y la certeza de que, por mucho que elija, siempre se preguntará el por qué de el lugar en el que se encuentra.

sábado, 12 de octubre de 2013

Sábado

Y dijo que lo echaba de menos. Y allá que se cogió el 33 y se fue para allá.

o-o-o-o-o

Mucha gente por la calle. Cogí el último autobús que pasaba por la Gran Vía. Hoy es día de celebración. En cierto modo, somos como una España en chiquitito. Porque aquí fue donde la Reina dijo que sí. El sí de las niñas.

Mañana fría al salir, pero el sol se encargó de calentarla. Compras de última hora, olvidos. Ahora que lo veo más de cerca, veo la esclavitud de la apertura de los festivos. Ya me tocará a mi. Turistas a pesar de no tener puente.

o-o-o-o-o

Último día de los Italianos. Ya está mas cerca el invierno.

jueves, 10 de octubre de 2013

Tercera hora

Ahora que estoy aquí, un poco absurdo, en esta mesa ante el infinito y nada simétrico pasillo, me doy cuenta de los detalles del edificio. La línea que sale de debajo de la puerta de la pasarela, de losetas mal colocadas en el suelo. Es una línea negra que se estrecha a medida que se acerca a mi y se pierde sobre la mitad del pasillo.

También veo las cicatrices de la instalación eléctrica, remozada gracias a la venida de la informática. Curiosamente, al entrar en las clases las glamourosas regletas cuadradas se convierten en tubos circulares, de esos que pasan por ahí y que son el símbolo de la dejadez y la premura.

Al final está la puerta, que comunica con la pasarela y el otro edificio. Hay en él una gran ventana circular. Siempre me ha fascinado la luz que, en los amaneceres de la primavera tardía, entra por ella. Un amarillo intenso que se va diluyendo conforme el sol sube y calienta los muros de los edificios. Un amarillo intenso que se refleja en el color apagado de las losetas y logra cegarte, con la fuerza propia de los días de verano, en los que el curso acaba y, de alguna manera, nosotros cambiamos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Hechos irrefutables

Uno: Tengo mas hambre que Dios talento.

Dos: Tengo que ir por butano y no tengo ninguna gana.

Puente y post-puente

Lo malo de los puentes es que uno se acaba acostumbrando a ellos. Y luego están los días de ir a trabajar y no trabajar porque te falta la materia prima. Y, al final, acaba uno haciendo de todo menos aquello para que lo que se supone que le pagan. Total, un lío.

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Feria del mediodía. Relajada. Animada. Sorprendente. De reencuentros.

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Por mi mala cabeza estuve haciendo hora. Se me olvidó el número de cuenta. Se me olvidaron las llaves. Al final resolví muy poco de lo que tenía que hacer. Bueno, en realidad sí que lo resolví, pero no me sirvió para nada. Afortunadamente, encontré otras soluciones. Es lo que tienen ser creyente, que cuando Dios te cierra una puerta, abre una ventana.

Y te hace venir cargado. Muy cargado.

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Lo cual me hace apreciar que parece que bajan las temperaturas. El año en que no hubo verano, tampoco habrá invierno.

martes, 8 de octubre de 2013

Post

Mañanas vacías. Productividad máxima. Esto, en Japón, no pasa.

domingo, 6 de octubre de 2013

La colmena

Hace unos meses, cuando nuestras cabezas estaban en otro sitio, nos vino el vecino con la embajada de las abejas. Por lo visto, un segundo vecino, con niños pequeños, se había dado cuenta de que en la casa del primer vecino se habían instalado unas abejas. Y, claro, eso es un peligro. Porque, en este mundo moderno y paidocéntrico, todo es un peligro. Faltaría mas.

Tras una limpieza de huerto como nunca en la historia y un colmenero huevón, hoy ha venido un apicultor, recomendado por nuestro particular, en más de un sentido, jardinero para dar su opinión. Yo no he podido estar presente, cuestiones de la máxima importancia y trascendencia, pero según me han contado la cosa no está tan mal. Por lo visto se trata de una colmena joven, de unos seis o siete meses. Parejas jóvenes de abejas con zánganos en edad escolar, que se han quedado en el huerto atraídos, sin duda, por la gran cantidad de elementos polinizables. Bueno, ya no hay tanto, pero algo queda.

También nos ha comunicado que se trata de abejas pacíficas. No se si se habrá constituido una plataforma de diálogo multilateral o es que van con un trapito blanco en la pata, pero eso nos tranquiliza. Además, cuando se acabe el calor del otoño se acostarán y, en primavera, les sugeriremos que emigren. Y si vemos que no, le diremos al apicultor que las repatríe a otros campos. Que hay mucha mies y poco polinizador.

viernes, 4 de octubre de 2013

Viernes

Mañana de pasillo y visita. Tarde de compras. Decepcionantes en la cantidad pero estupendas en calidad.

Cena en un bar. El signo de los tiempos. ¡Quién lo hubiera dicho!

El neón que brilla

Que brilla por su ausencia, claro.

jueves, 3 de octubre de 2013

Cuaderno de bitácora

Hoy me he puesto un calcetín de distinto tipo, pero del mismo color. Podría explicar según qué cosas.

o-o-o-o-o

Hoy todo me sabe soso, o bien de sal o bien de azúcar.

o-o-o-o-o

Tengo un tic en la pierna. Es como si me vibrara el músculo, como cuando recibo un mensaje y salta el vibrador. Pero sin móvil. Un avance, oiga.

o-o-o-o-o

Ya huele a fiesta, a los días en los que lo cotidiano deja paso a aquello a lo que luego se convertirá en costumbre, para lo bueno y para lo malo. El tiempo de los sitios es distinto, de eso hablamos el lunes. Es una lección que los urbanitas ya hemos aprendido. No sé si algún día la olvidaré. O me harán olvidarla.

Por la calle principal se suspenden las guirnaldas con banderas, que la brisa de la tarde mueve con la desgana del calor que nos invade, este calor de San Miguel que tan descolocados nos tiene. Las luces que anuncian fiesta están aun apagadas. Se levantan las carpas, blancas y negras, como si hubieran regado ya las lluvias tímidas del principio del otoño los campos de mármol. Apenas se oye ruido en la calle. Será mañana a estas horas cuando todo empiece, pero no estaré aquí para verlo.

o-o-o-o-o

Al final no eché raíces. Me acabé secando.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Propuestas de mejora

Mucho antes que políticas educativas, reformas y demás leches, se debería implementar la regla del antes de entrar, dejen salir.

martes, 1 de octubre de 2013

Hipótesis

Se rumorea que los blogs están en crisis. Como, en parte, todos.

Rituales

Comida de confraternidad. Volvemos a las reuniones, tras un tiempo ausente. Ambiente agradable, distendido, selecto. Hay quien también tiene Pou y quien también tiene gato. Miradas fulminantes ante la independencia de Cataluña. Parece que hay quien ve más allá de los delirios políticos. Cabe preguntarse por qué no se usa la fuerza del voto.

No he parado la portabilidad. Tras trece años, cambio de compañía. Ni una triste oferta. Esto ya no es lo que era. Al menos, quedémonos con los buenos recuerdos.

Calor pegajoso en O. del R. Y moscas, muchas moscas.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Septiembre XX

Viejas costumbres, nuevas costumbres.

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El ser humano y su necesidad de una fecha.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Septiembre XIX

Indudablemente la vida es cambio, movimiento. Todo fluye de alguna u otra forma. Al final, acaba uno cansadísimo. Normal, tanto traqueteo...

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No recordaba que uno, haga lo que haga, mete la pata y/o es culpable. Lo que provoca el hecho reconciliatorio. Que es, en sí mismo, la belleza de la vida y lo que le da chispa a la misma.

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Lo que en lleva a que:
     a) hay que evitar acaparar.
     b) hay que dejar ser acaparado.

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Se oye una sirena a lo lejos. Hecho nada común en los pueblos de éstos valles.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Es sábado

Amanecer distinto. Hay nubes en las montañas. El suelo está mojado, pues llovió en la medianoche. Se siente la humedad y el bochorno de los puertos de mar, a pesar de estar muy lejos.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Septiembre XVIII

Hoy ha sido el primer día tranquilo. Ha tenido que pasar un mes. O, a lo mejor, es el día tranquilo del mes. Que nunca se sabe. Y eso que me he dado de bruces con la autoridad.

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Ya me dicen buenos días y todo.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Septiembre XVII

Que digo yo que irá bajando la intensidad, porque como sigamos así...

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El primer súper-miércoles del año.

Diálogos de buena mañana

Hasta dos veces le di los buenos días y las mismas veces me dijo que no.

No hay que ser educado, pues.

martes, 24 de septiembre de 2013

Septiembre XVI

Creo que quiero un hámster.

Septiembre XV

No hay mucho que contar. Los días pasan sin mayor ocupación, volviendo de nuevo a la rutina que, dicho sea de paso, se resiste a ser la misma.

Me planteo renunciar a algo, mantener mi existencia más casera, si es que aún pudiera serlo mas.

Salgo a andar. Ayer me encontré con gente. Hoy, también. Pienso que nunca llegué a enraizar, como esas macetas que teníamos en casa y que no acabábamos de echar a la tierra. La existencia se basó en una provisionalidad mal entendida. Aun recuerdo tus palabras. Y lo peor es que me acuerdo de ti. Sin motivo, además.

Pienso en que debería escribir algo trascendente. Como si eso fuera hacer la lista de la compra. Como si la inspiración se comprara en un vips. Pobre infeliz.

Tengo puesta la teme. Echan una peli tontísima. Pero, por un extraño motivo, no la apago. Escribo. Existo, lo intento.

Cosas que admitir sin pudor

Me afeito fatal.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Septiembre XIV

Otro día. Pienso que mi existencia es tranquila cuando voy y vengo, durante los ciento sesenta kilómetros que separan mis vidas paralelas, esos conjunto inconexos de problemas, básicamente imaginarios, que jalonan la existencia. Porque estoy convencido de que las cosas pueden, deben, ser más fáciles. Siempre hay quien lo complica todo.

Habrá que aprender a desliar la madeja. O darle un zarpazo.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Septiembre XIII

Mañana de calor, bautizo y paseo.

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¿Qué nombre reciben las mentiras piadosas que son descubiertas?

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Se soltó la goma del parabrisas del coche. La apreté como pude. No puedo ir al taller a que la arreglen, aunque podría haber hecho un hueco.

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He dormido poco. Y, esta noche, entra el invierno.

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Me gustaría dominar la técnica para hacer culpables donde no los hay. Los gestos y palabras. Elegir el tiempo preciso. Agachar la cabeza, pero no por ser humillado.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Sin querer, pero queriendo

El otro día me di de alta en una de esas webs para comprar ropa tirada de precio. Es que te ponen lo de hacer click tan fácil...

Septiembre XII

Me duele la cabeza. No es dolor, es opresión. Como una olla con demasiados ingredientes. Ninguno se cuece bien y se corre el riesgo de que se acabe reventando. Que, posiblemente, es lo que pasará.

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Mañana soleada. Parece que es una de esas mañanas de otoño, claras, despejadas, como en hd, que dirían los modernos. Estreno peluquería. Parece la misma, pero no lo es si se mira atentamente. Mientras me aligeran la cabeza veo, más bien intuyo, por la ventana el espectáculo de la vida, unos hippies jugueteando, bromeando, con sus gritos de mono de alcohol o de resaca etílica, que básicamente son los mismos. Me doy cuenta que no tienen perro. La crisis.

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Tintorería sí, tintorería no. Al final, tintorería a medias.

viernes, 20 de septiembre de 2013

jueves, 19 de septiembre de 2013

Conjeturas

Debe existir un punto en el hartazgo en el que ya dé todo igual.

Septiembre XI

Mañana de locos, tarde de siesta.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Septiembre X

Como aquellos meses. Que recuerdos...

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Llueve. Tormenta. Mientras duermo la siesta se va la tele y me despierto. Hoy hay guitarra.

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Se acabó la selectividad. Y los desayunos. Ojalá hubiera una vez al mes. Pero con más movimiento.

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Gotas como monedas golpean violentamente el falso techo del ojo de patio. La vecina se asoma y mira arriba. Sus cristales se mojan. Los míos, no.

martes, 17 de septiembre de 2013

Septiembre IX

Las matemáticas han tenido un papel fundamental en la historia de China, llena de logros científicos y técnicos a menudo avanzados para su época. Desde tiempos de la dinastía Han (206aC-220dC), el acceso al funcionariado se basaba en exámenes estrictos y no, como podía esperarse, en las relaciones de familia.

Del ábaco a la Revolución Digital. V. Torra. 

Septiembre VIII

Amaneceres de septiembre. Tan distintos de los de junio, tan amarillos. Los de septiembre son anaranjados, tirando a rojos. Como si el verano se desangrara nada más empezar el día, con la amenaza de nubes que no descargan pero que recuerdan que ya pasó el tiempo de la holganza. No obstante, por entre ellas se escapa, en rayos, los últimos trozos del estío.

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Selectividad. Segundo día. El tiempo pasa despacio. Paladeamos cada segundo, cada minuto, aprovechándolo al máximo. Tanto, que se hace eterno. Y ha caído un libro, Del Ábaco a la Revolución Digital, de V. Torra. De la colección de Matemáticas que heredé. Libre de impuestos, que no es poco.

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Busco un móvil chino. Es la nueva forma de huir.

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Este calor...

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Innovar o morir. E ahí la cuestión.

Teleencuesto

Justo cuando estaba yo en todo el fragor de la siesta suena el teléfono. Imagino que será la familia para contarme alguna desgracia, así que descuelgo sin demasiada ilusión. Tras varios inquisitivos digas me saluda Luis Pérez, del Instituto de Estudios Bancarios. Un poco soñoliento me pregunto qué puñetas quieren de mi, pobre empleado en la docencia, en tan distinguida institución. Y me dice, en un perfecto mañico a lo Martinez Soria que si me puede hacer una encuesta sobre mis hábitos bancarios. Yo me resigno y le digo que sí.

A la primera pregunta respondo que no, pues no hay en casa nadie que tenga entre 16 y 30 años y que sea cliente de un banco. Ya bastante tuve con superar la crisis de los 30 como para que me vuelva a visitar. Pero Luis insiste en el interrogatorio, pues el no inicial no le desanima. En un gesto de increíble lucidez a mediodía le solicito que me llame más tarde, a lo que accede encantado.

Con algo de mala leche retorno al mundo de los despiertos, intentando hilar lo que están echando en la tele. Sin mucho éxito, porque al cabo de un momento me llama Ana Pérez, también del Instituto de Estudios Bancarios. Lo cual me induce a pensar que o bien el apellido Pérez es muy común o son todos hermanos y en esos Institutos de Dios también funciona el enchufismo. Superado el trance de las presentaciones y dispuesto a hacer de tripas corazón me enfrento de nuevo a la misma pregunta, con idéntica respuesta. Paso al segundo nivel, en el cual le informo de la entidad bancaria de la que soy cliente. Me pregunta que si soy cliente de otra y le digo que no, a lo que responde que no está efectuando encuestas para dicha entidad en este momento, pero que me llamará por si en el futuro le interesa que me vuelva a despertar de la siesta.

Cosa que agradezco, la verdad.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Eso se lo dejo al destino

Era un lugar bastante lúgubre. Además, la tarde no acompañaba. Pero allí estábamos, sentados en un banco rodeados de gente que pasaba y a la que no hacíamos mayor caso. Puse tu maleta delante, rodeándola con mis piernas. Estabas a mi lado. Cogiste mi mano y te envolviste con mi brazo. Era la primera vez que lo hacías. La brisa llevaba a mi nariz el suave perfume que te acompaña. Seguimos hablando de nada, pero hablando.

Llamabas la atención. Es algo que me hace sentir orgulloso, aunque si te digo la verdad no sé exactamente por qué. En ese momento llegó el autobús. Y nos levantamos hacia él. Lamentaste no poder sentarte en primera fila pero, al final, lo conseguiste, justo después de que me indicaras dónde querías que fuera tu maleta.

Nos besamos por última vez y subiste. Y allí quedé, en la puerta, mirándote. Mirándome. Mirándonos. El chófer expidió el último billete y la puerta se cerró. Mientras el autobús retrocedía por el andén para tomar la cuesta y salir de la estación te veía por entre los cristales. Agitamos la mano y nos lanzamos un beso. Y yo, en parte, me sentí triste porque te ibas pero contento porque, más tarde o más temprano, te volvería a ver.

Aunque quizá un día deje de verte. O ya no te separes de mi jamás.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Axioma LXXVII

La verdadera inteligencia se mide según la rapidez en la que se pide en el McDonalds.

viernes, 13 de septiembre de 2013

jueves, 12 de septiembre de 2013

Septiembre VII

Para apuntar en el cuaderno de bitácora: hoy he cambiado la bayeta de cocina, tras seis años de inestimable servicio.

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Disfrutemos de estas vacaciones de verano retrasadas. No hay mal que por bien no venga.

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Otra cosa para el cuaderno de bitácora: hoy uno de los nuevos se ha acercado a presentarse. Incomprensiblemente, no me ha pedido nada a cambio. Ni siquiera un favor TIC. Un positivo para él.

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También hay quien te ve ocupado y se la suda. Cuestión de estilos.

Frases de ánimo

¿Acaso la burra es tuya?

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Septiembre VI

Lo importante de las mañanas no es como empiezan, sino como terminan.

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No me gusta ser excesivamente protagonista, pese a lo que se podría pensar. Sería el punto medio entre entre la vanidad y la indiferencia.

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Sacrificada la vida del amo de casa que espera visita.

martes, 10 de septiembre de 2013

Septiembre V

Anochece dramáticamente pronto. El otoño se acerca. Con sus tonos amarillos y sus mañanas perezosas.

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Hay que buscar alguna estrategia. Algo que nos permita sobrevivir en el infierno diario. Asirse a una esperanza, agarrarse a un clavo ardiendo, podría ser una solución. Pero el calor quema tus dedos y quizá, más tarde o más temprano, te caigas por el precipicio. No queda más que programar la mente para sobrevivir, como tantas veces antes, pensando en vano que quizá sea ésta la última vez.

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Dicen que el siete trae suerte. Habrá que esperar para comprobarlo.

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La felicidad del pasado no sé a qué atribuirla, si a la ingenuidad o a la candidez. O a una extraña mezcla de ambas.

Previsiones

Un día de estos me cortocircuito.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Axioma LXXVI

El viento en contra se resiste. El viento a favor te tumba.

¿Olimpismo? ¡Éste mismo!

Mientras paseaba mi pequeña indignación cotidiana, muy merecida por otra parte, porque la libertad hay que ganársela en el campo de batalla, soy informado de la puesta de huevo olímpica, que se ha ido para el país del sol naciente.

Decepción y caras largas en el informativo repetido que veo mientras como. Ayer, mis interlocutores me hablan de improvisación. Hoy, de la excesiva austeridad. Pero si hay algo claro es que los ganadores son los que están, cada cuatro años, dando tumbos por el mundo en hoteles estrellados luchando por una cosa que sí, que será muy bonita, pero que no deja de ser un negocio.

Porque, al menos, en las democracias de vez en cuando expresamos nuestra opinión, aunque luego los elegidos se pasen por el arco del triunfo la voluntad o sentido de sus votantes. En cambio, esos señores están ahí quizá por algún mérito deportivo o por un mérito no deportivo. Pero están ahí, sin que se les conozca trabajo o alguna otra ocupación desinteresada o gratuita.

Por otro lado, nuestra diplomacia ha quedado como lo que es, como una pardilla. No puede ser que el día de antes te garanticen 50 votos y luego, a la hora de la verdad, te voten la mitad o menos. También es cierto que habría que preguntarse que a cuánto está el kilo de comisario olímpico, porque si algo tiene bueno este mundo es que todo tiene un precio.

En resumidas cuentas, que nos hemos quedado sin olimpiadas. Dichoso el dinero que a casa vuelve.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Sábado en general

Pues resulta que nos regalaron una Smart TV. Ya está colocada y sintonizada. Solo falta que el CEP saque el cursillo correspondiente.

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Una luz en la mañana y un solitario trueno como despertador. Y cuatro horas de lluvia. El otoño ya está aquí. Hasta la siguiente ola de calor.

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Día plomizo. En muchos aspectos. Pero tampoco es una sorpresa.

Sábado tarde

Acabo de ser regañado. Esto ya me lo esperaba yo.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Septiembre IV

En días como estos, en los que las nubes pintan el cielo de blanco y gris, en aquellas palabras que me susurraste al oído antes de perderte en el silencio de mis noches. Yo no te quise oír. Yo no te quise creer. Pero a veces pienso que el trabajo que no hiciste lo retomó el tiempo.

Hoy vuelvo a cuando tus ojos me mostraban lo que tus labios me dibujaron. Querrías ver mi sonrisa sorda ahora, pintar en tu cara el dibujo de la razón. Pero ahora no estarás ahí para abrazarme, sino para recordar el camino que se perdió en la noche

jueves, 5 de septiembre de 2013

Nunca pensé que pudiera ser primavera en septiembre

Septiembre es bello , la primavera , la disolución del "yo" en la fiesta (aunque sea momentánea) quiero el verano y el mar, definitivamente el invierno me daña… debe ser el síndrome de todo ruso (debí ser uno en otra vida) parece que no quieren otra cosa que Cristo y calor… Tolstoi dice en sus confesiones : “Estoy loco por la vida... Ha llegado el verano, el delicioso verano...” 

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Voy a hacer la maleta. Mañana espero verte.

Septiembre III

Hoy es el día de descanso. El paréntesis entre lo que ha acabado y lo que comenzará mañana. Aprovechemos, pues, este día en tierra de nadie.

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Me pesan los kilómetros. Eso ya lo sabía yo.

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Hoy me ha invadido de nuevo una sensación. Esa flojera mental que de vez en cuando se me mete en la cabeza, que me pide tumbarme en el sofá a sentir pasar los coches cuesta abajo, a oír la tele de fondo, a refugiarme en estas cuatro paredes que son mías porque las pago, no porque me quieran. En el silencio del bloque se oye en ruido del motor del congelador de la entrada. Y unos niños que gritan y juegan más allá de la ventana.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Septiembre II

Acaba el curso. Ahora sí que si. Compañeros que se van y otros que van viniendo. La rueda que gira y demás sandeces que se suelen decir.

Nubes esta tarde. Calor para subir y algo de fresco para bajar. Saludando a padres y alumnos.

Como decían por ahí, existimos, que no es poco.

martes, 3 de septiembre de 2013

Septiembre

El mes de la vuelta. En el que las tardes ya son más cortas y las temperaturas más bajas.

Salgo a pasear más pronto. Creo que tengo fiebre. El resfriado que me ha sorprendido. Pero quiero salir a andar. Andar por esa carretera que recorreré una vez menos.

Al sentarme en el ordenador oigo la cisterna gotear. Los desajustes de volver a la normalidad. Presiono el botón hasta oír el característico sonido que cierra el paso del agua y que llenará la cisterna.

Me acabo de acordar que tengo un blog por editar. Ahora que estoy más tranquilo me pondré a ello. Al menos, que algo que he hecho en verano culmine.

Bueno, espero que más cosas.

lunes, 2 de septiembre de 2013

La vuelta al cole II

Ayer venía por la carretera, como un domingo más. Ya casi se me hace raro el domingo en el que el mis manos no acarician el volante. Es curioso, pero los viernes no tengo esa sensación, quizá porque el viernes es como ese día en el que todo está permitido, en el que el tiempo parece detenerse pero es cuando más corre. Por eso se hace la penitencia de la cuaresma en viernes, por equilibrar el Cosmos.

Poco tráfico. Salvo por una parada a una furgoneta de excesivo y variopinto equipaje por parte de la Meletérica. No hay radar más efectivo que una de las parejas más indisolubles que ha proporcionado la Humanidad. Y tal como se formó el tapón, se disolvió.

Al llegar, nada de calor. Aún recuerdo esos agostos, recién llegado, en el que me estorbaba a mi mismo en la cama. En los que no me importaba que el calentador se hubiera resistido a volver al trabajo. Ayer, incluso tardé menos de lo previsto, pues me dediqué al marujeo telefónico. Tan necesario como (im)prescindible.

Veo la tele mientras ceno mi ensalada. Quizá el verano haya sido un sueño. Un sueño en el que han pasado cosas buenas al final y cosas normales al principio. Debe ser el no planear las cosas, el no ceñirse en el de la rutina a la rutina por la rutina. Hemos cumplido con la canícula. Lo que venga ahora será la prórroga. Que es cuando se ganan los partidos.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Poesía post rebajas

Se fue, se fue
Se fue el verano.
Se fue, se fue
Demasiado temprano.

Axioma LXXV

Pudiera ser que la felicidad no fuera tener todo lo que se quiere, sino conformarse con lo que se tiene en cada momento.

Pornoteorema

La probabilidad para hacer el amor es inversamente proporcional a lo nuevos que se lleven los calzoncillos.