domingo, 19 de junio de 2011

Días perdidos III

De la fuente a reponer fuerzas a un perdido pueblo. Perdido pero acogedor. Perdido pero que, afortunadamente, nos queda muy a mano, a pesar de ser el fin de una traumática excursión no mucho tiempo atrás. Unas brasas y carne nos esperan para ayudarnos a lo que será el momento culminante del día, en apenas un par de horas. Agradable comida, agradable conversación. La vida pasa ante nosotros, sentimos como nos envuelve. Nos dejamos abrazar. Hasta tomo un poco de vino. Definitivamente, hoy no soy yo...

Acabamos la comida y decidimos dar una vuelta por el pueblo. Descubrimos su Iglesia y sus calles recientemente remozadas. Vamos al lavadero, al parque, los lugares cotidianos de cada pueblo, con sus historias secretas.



Al final, tan solo nos queda emprender la última ascensión del día.





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